miércoles, 2 de mayo de 2018

SÍ, PERO…

En Habacuc 1, vemos a Habacuc cuestionando a Dios. En Habacuc 2, vemos a Dios respondiéndole, y a Habacuc reaccionando a la respuesta de Dios. Habacuc estaba consternado por lo que estaba ocurriendo, al punto que de dudar que se pudiera cumplir la palabra de Dios. En Habacuc 3, vemos a Habacuc celebrando que Dios cumplió su promesa.

En esta porción de la Biblia, Dios le hace claro a Habacuc la diferencia entre alguien orgulloso, y alguien que es justo. El justo vive por fe. Hay gente que piensa que, cuando alguien actúa en fe, es porque es orgulloso; creen que es alguien que piensa que lo merece todo. Para Dios, orgulloso es todo aquel que no vive por fe. Y Dios le estaba diciendo a Habacuc: Esto tienes que tenerlo y vivirlo por fe.

Ante el cuestionamiento de Habacuc, Dios le hace una aclaración: Habacuc, esta revelación que te voy a dar es demasiado importante; tienes que escribirlo porque esto que está ocurriendo no tan solo te va a afectar a ti, sino también las decisiones que están tomando otros. Dios le dice: Lo que está pasando no es cualquier cosa; tienes que poner claramente la certeza de lo que te estoy diciendo para que todo el que la lea pueda correr basado en ella. Uno de los errores más grandes que a veces cometemos es que, nosotros que hemos recibido la visión, ponemos incertidumbre en aquellos que están a nuestro alrededor. Dios siempre cree más en nosotros de lo que nosotros creemos de nosotros mismos. Desde Génesis 12, Dios ya viene trabajando con Abraham; y en Génesis 17, le dice: Establezco mi pacto contigo, esto va sobre las próximas generaciones, la gente te va a reconocer. Y Abraham dice: ¿Será que a un hombre de 100 años y a una mujer de 90, Dios les va a dar un hijo? Y dice la Biblia que se rió Abraham de aquello que Dios le estaba diciendo. Porque Abraham entró en una mentalidad de “sí, pero…”; sí lo quería creer, pero… Quizás tienes un hijo, un compañero de trabajo, un amigo al que quisieras hacerle entender que puede hacer algo más, algo mejor de lo que está haciendo; pero tú sabes que se están quedando en una vida mediocre por lo que las probabilidades dicen que ellos pueden alcanzar. Son las personas que te dicen “sí, pero…” Y Abraham le estaba diciendo a Dios: Sí, pero un hombre de 100 años no va a tener un hijo, y menos con una esposa de 90 años. Y Dios tiene que asegurarle, recalcarle para que él lo entendiera y Sarah lo pudiera entender también; porque la gente acusa a Sarah de que se rió, pero Abraham se rió primero. Si tú te ríes de algo, el que está al lado tuyo, se va a reír; porque tu inestabilidad en creer que se va a cumplir lo que Dios ha dicho crea también inseguridad en lo demás. Pero al tú mostrar seguridad de que tú crees que va a pasar lo que Dios ha dicho que va a pasar, al plasmar claramente la visión, el que la lea y la entienda, corre con ella.

El apoyo que tú vas a recibir de la gente a tu alrededor, y la velocidad a que la gente se va a mover, va a depender de la importancia y de la seguridad que nosotros tengamos de que lo que Dios dijo se va a cumplir en tu vida. Tu seguridad se transfiere a los demás; tu inseguridad, también. No puedes pretender recibir de los demás la seguridad que se supone que tú inspires, si quien recibió la visión fuiste tú. Ellos van a correr basado en la importancia y la seguridad que tú les des de que la palabra se va a cumplir. La gente a tu alrededor va a acelerar, a correr, en el momento que vean que tú le das la importancia necesaria a lo que Dios ha dicho que Él va a hacer en tu vida. Por eso, Dios le dice al profeta: Lo primero que vas a hacer es que lo vas a comenzar a plasmar, a escribir, para que no sea algo que solo tú lo entiendas, sino para que otros lo vean y se alineen. No basta con recibir una revelación de Dios. Tienes que plasmárselo a aquellos a tu alrededor. Hoy Dios te dice: Si tú lo escribes, si lo haces claro, si muestras la importancia de esto, se van a alinear, van a correr. Tu inseguridad se transfiere; pero tu seguridad de que, a pesar de las probabilidades, la promesa de Dios se va a cumplir en tu vida, esa seguridad se va a pasar a aquellos a tu alrededor, y van a correr dentro de la misma visión.

Dios le dice al profeta: Ponlo claro, que otros lo vean. Por supuesto, cuando tú lo pones para que otros lo vean, te comprometes. Pero, hasta que otros no lo ven, tú no estás diciendo que lo que tú estás creyendo lo crees en realidad. Tienes que manifestarlo, que hablarlo, que expresarlo porque una de las maneras de demostrar que lo que has recibido de Dios es importante y se va a cumplir es que te atreves a decirlo, escribirlo, hablarlo, porque Dios no te va a dejar en vergüenza. Y el que esté a tu alrededor, que sepa que, o se alinea, o va a ver lo que Dios va a hacer comoquiera porque lo que Dios dijo que va a hacer se va a cumplir.

No dejes las cosas en el aire, diciendo: Yo sé que algo va a pasar. No; tú di qué es lo que va a pasar. De otra manera, o no estás creyendo, o no estás tan seguro de que fue Dios quien te lo dijo. Pero el que está seguro y sabe la importancia de lo que Dios está diciendo, lo escribe para que otros se alineen y corran hacia esa misma visión. No podemos pretender el apoyo y el interés de los demás, si tú todavía no estás seguro de que lo que Dios te está diciendo es real, verdadero, y se va a cumplir en tu vida.

Tienes que tener la certeza, la seguridad, de que Dios va a cumplir su palabra. A lo mejor, no todo lo que te pasa en tu vida está de acuerdo a tus planes o a tu idea de cómo debería ocurrir; pero la palabra que Dios ha dicho acerca de ti, tú puedes estar seguro que Dios la va a cumplir; que hay una certeza, que todo es cuestión de tiempo; que hay un tiempo asignado para que esa palabra se cumpla.

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