lunes, 7 de mayo de 2018

REFLEXIÓN – Trabajá por la comunión.

“Al llegar a Jerusalén, fueron muy bien recibidos tanto por la iglesia, como por los apóstoles y ancianos, a quienes informaron de todo lo que Dios había hecho por medio de ellos”. Hechos 15:4
Trabajo


Hoy se celebra internacionalmente el dia del trabajo, y de la dignidad del trabajador. Hubo en Argentina actos y movilizaciones para recordar este derecho de todos. Pero hoy ni me enteré de lo que estaba sucediendo. Estábamos con la familia tomando un campamento de jóvenes en la provincia de Santa Fe. Un campamento que aprovechaba el feriado para tomar el fin de semana largo.


Mientras íbamos viajando hacia el lugar, intentaba descifrar como reaccionar frente a las distintas posibilidades. No conocíamos a nadie de los que nos habían invitado y no teníamos idea quienes iban a estar en el campamento. Era una incógnita como nos iban a recibir, como íbamos a pasar todos los días del campamento con personas desconocidas.


Y una vez más Dios nos sorprendió con un milagro de relaciones. Al igual que Pablo que llegó a Jerusalén con preocupación por ver con que se encontraba y fue muy bien recibido, nosotros también llegamos a Santa Fe, y los que organizaban el campa nos recibieron como si nos conocieran de toda la vida. Nos dieron de su apoyo, cariño, cuidado, atención, se ocuparon de nuestras necesidades, de mimarnos, nos hicieron sentir como en cada.


Y todos los acampantes actuaron de la misma manera. El mismo cariño y atención, el mismo cuidado y preocupación. Así que nos motivaron a contar con mayor frescura y naturalidad las cosas que Dios nos enseño, nos capacitó y nos bendijo.


¿Cómo es posible que cien desconocidos puedan estar compartiendo cuatro días de campamento sin discusiones ni recelos, sin conocerse y teniendo una hermosa comunión como si nos hubiéramos conocido de toda la vida?


La respuesta es tan simple como gloriosa. Es por la gracia de Dios. Es la Gracia de Dios y el amor del Señor Jesús lo que puede cambiar a dos desconocidos en personas íntimas. Claro que para lograrlo, es necesario trabajarlo. No sale naturalmente. Hay que lograr empatía y ponerse en el lugar del otro. Es cuidar los detalles del carácter para no lastimar hablando de más o de menos.


Lo precioso de este trabajo es que al hacerlo, somos bendecidos nosotros, más que nuestro interlocutor. Y Dios se agrada de lo que estamos haciendo. Se logra con constancia y esfuerzo, trabajando el carácter y el ánimo, para hacer sentir al otro de la mejor manera.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Evangelismo

Ultimas fotos