sábado, 5 de mayo de 2018

REFLEXIÓN – No juegues con el pecado. Siempre vas a perder.

“Tampoco los de la tribu de Neftali, pudieron expulsar a los habitantes de Bet Semes y Bet Anat, sino que vivieron entre los cananeos que habitaban en aquella región.” Jueces 1:33 (NVI)
Echar


La orden del gran Moisés había sido bien clara. Hay que exterminar a todos los pueblos que están ocupando la Tierra Prometida, para tomar posesión de sus territorios. No hay que tener piedad con nadie. Dios había ordenado su completo exterminio. Y tenía una razón para ese pedido.


Cuando Josué toma a su cargo el liderazgo del pueblo, cumple al pie de la letra la ordenanza de Dios e imita a su líder predecesor en el mensaje al pueblo. No había que hacer alianzas con los pobladores de la Tierra Prometida, tampoco tomarlos como esclavos. Había que eliminarlos.


¿Cuál era la razón por la cual Dios era tan duro con aquellas personas? Es que Dios sabe que si tenemos cerca a malas influencias, nuestro carácter cristiano se va a ver amenazado por malos hábitos y conductas, y a la corta o a la larga, vamos a terminar cayendo en sus redes, y alejándonos de Dios.


Luego de la muerte de Josué, el pueblo siguió conquistando lo que le quedaba pendiente por conquistar. Pero de las doce tribus, solo Judá logró limpiar su territorio de viejos ocupantes. Tribu tras tribu, se menciona en el libro de Jueces, como fracasaron al querer expulsar a quienes debían exterminar. Algunos los hicieron esclavos y a otros como no podían echarlos, aprendieron a convivir con ellos.


¿No podían o no querían? Porque el poder asombroso de Dios no se había debilitado. Era el mismo Dios que había volteado el increíble muro de Jericó, solo 10 años antes. Sin embargo la siguiente generación cometió el terrible pecado de no ser santo, apartado para Dios, y comenzaron a coquetear con aquello que Dios había prohibido.


La siguiente generación cometió el error de casarse con parejas de otros pueblos, y eso contaminó su corazón. Y finalmente se alejaron de Dios. En menos de cuarenta años, el pueblo escogido y santo de Dios se había contaminado y corrompido, porque no tuvieron la valentía de exterminar el peligro de contaminación de sus almas.


Hoy vos y yo tenemos la misma amenaza. No es un pueblo. Es la tentación que el diablo nos presenta a diario, para que nos alejemos de Dios y pequemos. Debemos luchar contra ella y mantenernos santos. ¿Qué cosas son tus debilidades que te hacen pecar? Echalas de tu mente y de tu alma.



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