martes, 1 de mayo de 2018

Prosperidad y bienestar

Ahí está el peligro «La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella». Proverbios 10: 22


EL PELIGRO ACECHA EN MEDIO de la prosperidad. A través de los siglos, las riquezas y los honores han hecho peligrar la humildad y la espiritualidad. No es la copa vacía la que nos cuesta llevar; es la que rebosa la que debe ser llevada con cuidado. La aflicción y la adversidad pueden ocasionar pesar; pero es la prosperidad la que resulta más peligrosa para la vida espiritual. A menos que el ciudadano del reino de los cielos esté constantemente sometido a la voluntad de Dios, a menos que esté santificado por la verdad, la prosperidad despertará la inclinación natural a la presunción. Cada vez que alguien se entrega al orgullo y la ambición, su vida se mancilla; por, que el orgulloso, no sintiendo necesidad alguna, se cierra a las bendiciones infinitas del cielo. El que procura glorificarse a sí mismo se encontrará destituido de la gracia de Dios, mediante cuya eficiencia se adquieren las riquezas más reales y los goces más satisfactorios. Pero el que lo da todo y lo hace todo para Cristo, conocerá el cumplimiento de la promesa: «La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella» (Prov. 10: 22). 


Con el toque suave de la gracia, el Salvador destierra del alma la inquietud y ambición profanas, y cambia la enemistad en amor y la incredulidad en confianza. Cuando nos habla diciendo: «Sígueme», queda roto el hechizo del mundo. Al sonido de su voz, el espíritu de codicia y ambición huye del corazón, y los seres humanos, liberados, se levantan para seguirlo.

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