viernes, 4 de mayo de 2018

La prueba de fuego

«A quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos. Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo». I Pedro l: 5-6, NVI


EN ESTA VIDA DEBEMOS ARROSTRAR la prueba del fuego y hacer sacrificios costosos, pero la paz de Cristo es la recompensa (Mat. 3: 11, Rom. 12: 1; Fil 2: 17; Juan 14: 23; 16: 33). Ha habido tan poca abnegación, tan poco sufrimiento por amor a Cristo, que la cruz queda casi completamente olvidada. Debemos participar de los sufrimientos de Cristo si queremos sentarnos en triunfo con él sobre su trono. Mientras elijamos la senda fácil de la complacencia propia y nos asuste la abnegación, nuestra fe no llegará nunca a ser firme, y no podremos conocer la paz de Jesús ni el gozo que proviene de una victoria consciente. Los más encumbrados de la hueste redimida que estarán vestidos de blanco delante del trono de Dios y del Cordero, habrán conocido el conflicto necesario para vencer, porque habrán pasado por la gran tribulación.— 

«Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria honor cuando Jesucristo se revele. Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso, pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación». I Pedro l: 7-9, NVI «Lo que quiero es conocer a Cristo, sentir en mí el poder de su resurrección y la solidaridad en sus sufrimientos; haciéndome semejante a él en su muerto». Filipenses 3: 10, DHH Al contrario, alégrense de tener Parte en los sufrimientos de Cristo, para que también se llenen de alzgría cuando su gloria se manifieste. I Pedro 4: 13, DHH

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