domingo, 6 de mayo de 2018

La autodestrucción

No oí la voz de los que me instruían, y a los que me enseñaban no incliné mi oído.Proverbios 5:13


No menosprecies, hijo mío, el castigo del Señor, ni te fatigues de su corrección.Proverbios 3:11


Nos llama la atención la incapacidad del hombre para liberarse de lo que es nocivo para él. A muchos les gusta lo que los destruye. Todos conocemos los serios daños que causa a la salud el consumo de tabaco, el alcohol, la droga y todo tipo de excesos. Pero uno no quiere, o no puede, abandonar aquello que primeramente es un placer y pronto se convierte en una esclavitud. A menudo los consejos no sirven de nada.


¡Lo que es cierto en el campo físico, también lo es en lo espiritual! Al hacer el mal, nos hacemos mal y nos destruimos a nosotros mismos. La Palabra de Dios deja bien claras las inclinaciones obstinadas de nuestra naturaleza, junto a nuestra incapacidad para liberarnos de ellas. El profeta Jeremías dijo: “Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante” (Jeremías 7:24).
Negarse a escuchar a Dios, a ir a él para aceptar la liberación que ofrece, conduce a la muerte eterna. Dios nos invita a escucharle y a recibir sencillamente lo que nos dice, para nuestra felicidad presente y eterna.


“Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lucas 11:28).


“Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” (Romanos 10:11).


“Venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma” (Isaías 55:3).


1 Crónicas 10 – Lucas 11:29-54 – Salmo 89:15-18 – Proverbios 20:12-13

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