miércoles, 9 de mayo de 2018

Feliz por haber sido salvo

«Pero que se alegren todos los que te buscan; Señor, que siempre proclamen tu grandeza todos los que aman tu salvación».Salmo 40: 16, RVC


NADIE PUEDE SER REALMENTE FELIZ si no está en sintonía con la Divinidad. El ser humano caído ha de aprender que nuestro Padre celestial no puede estar satisfecho hasta que su amor cubra al pecador arrepentido y lo transforme por los méritos del inmaculado Cordero de Dios [Jesucristo tomó forma humana para poder abrazarnos como humano, y al mismo tiempo asirse con su brazo divino al trono del Infinito.
Plantó su cruz a mitad de camino entre la tierra y el cielo, y dijo: «Y yo, cuando sea levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo» (Juan 12: 32). La cruz había de ser el polo de atracción.


La cruz había de hablar a todos los seres humanos y atraerlos a través del abismo que el pecado había creado, para unir a los seres finitos con el Dios infinito. Aquellos cuyos pecados son perdonados, que aman a Jesús, se unirán con él y llevarán el yugo de Cristo. Este yugo no ha de estorbarlos ni hará de su vida religiosa una vida de afán que no satisface. No, el yugo de Cristo ha de ser el medio preciso por el cual la vida cristiana ha de llegar a ser una vida de placer y de alegría. El cristiano se sentirá gozoso al contemplar lo que el Señor hizo al dar a su Hijo unigénito para que muriera por el mundo, «para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3: 16).

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