martes, 1 de mayo de 2018

Este es el camino

«Entonces tus oídos oirán detrás de ti la palabra que diga: “Este es el camino, andad por él y no echéis a la mano derecha, ni tampoco os desviéis a la mano izquierda”». Isaías 30: 21.

EL MARAVILLOSO RESULTADO de vivir en comunión diaria con Jesús es experimentar la dirección del Espíritu Santo. Al permanecer en la presencia del Señor, él habita en nosotros en la persona de su Santo Espíritu. A partir de ese momento «ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí», dice el apóstol Pablo en Gálatas 2: 20.


Naturalmente, el Espíritu no puede obligamos a hacer algo que no queremos. Él nos habla, nos muestra el camino, nos dice cuándo estamos equivocados, qué corregir, qué cambiar, cuándo pedir perdón, etc. Nuestra parte consiste en ser sensibles a esa voz, y en la medida en que estemos dispuestos a recibir las gotitas de la lluvia temprana, también estaremos preparados para recibir la lluvia tardía.
Ningún ser humano tiene el derecho a esperar la plenitud del poder del Espíritu si está rechazando cada día esa voz que le habla mostrándole el camino. ¿Puede existir el peligro de que mistifiquemos la vida cristiana esperando sentir la «voz de Dios» para tomar una decisión o para seguir un procedimiento? Se cuenta la experiencia de un pastor que salía de mañana de su casa, esperando que el, Espíritu le hablase a su corazón y le dijese qué debía hace durante el día. Existen muchas personas que, ante las instrucciones claras de la Palabra de Dios, esperan sentir «la voz de Dios» para actuar. Este es el peligro en que puede caer una persona que desea ser guiada por el Espíritu. El Espíritu no habla a través de los sentimientos. El Espíritu inspiró a los escritores bit)licos y es a través de la Biblia como transmite instrucciones para sus hijos hoy. En el momento de la tentación o de la indecisión, el Espíritu nos hace recordar la instrucción divina dejada en la Biblia y en el espíritu de profecía. Entonces, ¿cómo espera una persona que no lee la Palabra de Dios, ser guiada por el Espíritu? Cuando abrimos la Biblia, nuestra actitud debe ser la actitud del hijo que desea oír el consejo del Padre. Nuestra oración debería ser: 


«Señor, enséñame el camino en que debo andar, oriéntame a lo largo del día. Necesito tu consejo y por eso abro tu Palabra escrita». Sal hoy con la convicción de que el Espíritu te hará recordar la instrucción divina en el momento exacto.

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