viernes, 4 de mayo de 2018

Equilibrar la ecuación

“Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús*(Fil, 1:6).


Luego de pasar un año estudiando Teología a tiempo completo en la Northern Caribbean University, mi esposo tuvo que abandonar sus estudios pues no teníamos suficiente dinero. Pasaron los años. pero la idea de volver a estudiar nunca estaba muy alejada de sus pensamientos. Hablamos sobre el tema muchas veces, pero no parecía posible equilibrar la ecuación: por un lado, cuotas de estudios, libros y costos de transporte: por el otro. pagar una hipoteca. boletas de servicios y comida, y cuidar de dos hijos. ¿Cómo podíamos equilibrarlo? iEra imposible!


Un día, el Señor me inspiró a ayunar y orar por mi esposo; particularmente, para que volviera a sus estudios, a fin de poder completar su carrera. Lo hice, pero no dije una palabra a mi esposo. Ese mismo día, él me llamó y me dijo que había decidido volver a la universidad y terminar sus estudios. Nunca discutí ni me quejé, sino que sentí una maravillosa paz en mi corazón.
Mi esposo renunció a su trabajo y pasó los siguientes dos años terminando sus estudios. Quizá te estés preguntando: ¿Se equilibró la ecuación? Sí. ¿Cómo? El Señor proporcionó familiares, especialmente mi tía, que ayudaron; ascensos en mi trabajo; préstamos estudiantiles; ahorros; y la fuente principal: la providencia divina. Nuestra alacena nunca estuvo vacía y pagamos todas las cuentas. iQué Dios poderoso tenemos!


Jeremías 29:11 dice: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”. ¿No es maravilloso saber que Dios tiene un plan para cada uno de nosotros? Yo estoy extremadamente agradecida. Tenía un tío que era arquitecto. De niña, observaba, mientras él dibujaba meticulosamente planos para sus clientes. Tardaba semanas, pero cuando terminaba todo se veía perfecto y en el lugar adecuado. Descubrí que esos planos cuestan mucho. Pero sin un buen equipo de construcción y los materiales adecuados, ¿de qué sirven los planos? Así como un arquitecto, Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Él también tiene los materiales adecuados (la justicia de Cristo y las pruebas), para asegurar que el edificio (nuestro carácter) se construya acorde a su diseño. ¿Cuál es el costo? Jesús pagó el precio con su sangre. Entonces, ¿por qué nos preocupamos, quejamos y dudamos de él? El amor de Dios no te guiará donde su gracia no pueda resguardarte. iLa ecuación se equilibra!

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