viernes, 4 de mayo de 2018

El se compadece de nosotros

<<Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Salmo 103. 13



CUANDO ERA APENAS UN MUCHACHO, me gustaban las aventuras: sacar frutas del árbol del vecino, romper vidrios de puertas y ventanas, y tocar el timbre de las casas y correr. Un día mi padre me advirtió severamente y me dijo que me daría diez latigazos si volvía a hacer esas cosas. Mi padre era un hombre muy estricto, y aunque no era cristiano, era moralista y le gustaba enseñar disciplina a sus hijos. ¿Por qué a veces hacemos cosas sin sentido que nos traen dolor? Nunca entendí por qué me gustaba hacer esas cosas. Un día, al llegar a casa, vi al vecino quejándose a mi padre por algunas cosas que yo había hecho. Vi el rostro de mi padre sonrojarse de vergüenza y, mientras se despedía del vecino, corrí al cuarto y me puse tres pantalones. Por lo menos así amortiguaría un poco el impacto de los latigazos.


Media hora después mi padre me llamo fui a su encuentro temblando. era consciente de que merecía el castigo y estaba dispuesto a aceptarla sin llorar. Me había advertido y yo no había hecho caso. Al llegar a su presencia, indudablemente se dio cuenta de que tenía varios pantalones, pero en lugar de mandarme que me los sacase, me abraza y vi lágrimas en sus ojos, bien tras me decía <<Hijo yo no quiero castigarte no me gusta. Me duele como si estuviera recibiendo yo mismo el castigo, pero ¿por qué no entiendes que no puedes continuar haciendo estas cosas? Eso solamente va a traerte problemas en el futuro>>.


Si mi padre me hubiera castigado, con certeza no estaría contando este incidente; lo habría olvidado como olvidé tantos otros castigos. Pero las lágrimas de mí padre fueron peores que cincuenta latigazos, su abrazo me dolió dentro del corazón y descubrí que no valía la pena continuar rompiendo vidrios. «Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen». ¿No es maravilloso? ¡Por qué estar triste, desesperado y cargando el complejo de culpa? Corre a los brazos de Jesús y dile: «Señor, perdón porque no derramaste por mí tan solo lágrimas, derramas te sangre. Sinceramente, soy consciente de que no vale la pena continuar “rompiendo vidrios”». Que Dios te bendiga en este día.

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