viernes, 4 de mayo de 2018

El gozo del perdón

«Pero te confesé sin reservas mi pecado y mi maldad; decidí confesarte mis pecados, y tú, Señor. los perdonaste». Salmo 32: 5. DHH


EL REY DAVID expresa con gran gozo su seguridad de que Dios nos perdona (Salmo 32: I l), y es que esta es la actitud adecuada de un pecador cuyo corazón se llena de alegría al recibir el perdón divino; no porque lo merezca, sino porque el Señor es misericordioso.
Sin embargo, no solo hay gozo en el corazón del que ha sido perdonado: todo el cielo rebosa de alegría. En las tres parábolas de Lucas 15 (la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo) se celebra que el pecador haya recibido el perdón de Dios: «Hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente» (Lucas 15:’10). La palabra «bienaventurado» del Salmo 32 significa felicidad, alegría, dicha, gozo, y es que nada en la vida debería proporcionar más dicha al ser humano que saber que su pecado ha sido limpiado.


En cierto lugar, vivía una familia muy conocida en la comunidad por su amistad y su buen testimonio. En la familia había dos hijos varones y, un día, salieron los dos al campo a trabajar. Por alguna razón, uno de ellos se enojó, y golpeó a su hermano hasta matarlo. El asesino fue encarcelado.
Después de un tiempo, la comunidad intervino para que lo liberaran, ya que la familia era de buen testimonio. Así que un grupo de vecinos fue ante el gobernador, quien les prometió que iría personalmente a la cárcel para llevar el indulto.


Cuando el gobernador llegó a la cárcel vestido de sacerdote para no ser reconocido por la gente y pidió hablar con el prisionero, el guardia lo condujo hasta la celda; sin embargo, cuando el prisionero vio a un sacerdote, volteó la cara hacia la pared, gritando: «iNo quiero ver a un sacerdote, lo que quiero es que el gobernador me saque de aquí!».


El visitante se retiró y, cuando el prisionero supo que quien había ido a llevarle el indulto había sido el gobernador, dijo: «Si muero mañana, no digan que muero por haber matado a mi hermano, sino por haber rechazado el perdón que me trajeron».


Oremos hoy a Dios diciéndole: «Te alabo, Señor, porque tuviste misericordia de mí, y has pasado por alto toda mi maldad».

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