jueves, 3 de mayo de 2018

«Amados de Dios»

«Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna». Juan 3: 16


LOS ALLEGADOS DE LISE, que la apreciaban en gran manera, solían decirle cosas como: «Eres una chica genial» o «Contigo uno no se aburre». Sin embargo, Lise, en secreto, no compartía esta opinión; en realidad, se odiaba a sí misma, pero ¿tenía motivos para ello?
Puede suceder que llegues a apreciar a otras personas más que a ti mismo, que las encuentres interesantes mientras tú te sientes desesperadamente vacío, sin encanto, y quizás eso haya despertado en ti un deseo oculto de experimentar «paraísos artificiales» o «métodos de evasión» para finalmente sumirte en un sentimiento de malestar, mezclado con culpabilidad y vergüenza. Así me sentí yo cuando la adicción destruyó mi vida.


En este mundo, el dolor es el lenguaje universal. No obstante, siempre es más fácil decir: «Dios no hace nada por mí». Todos necesitamos un milagro que nos libere del sufrimiento, y ese milagro existe, se llama Jesús, y nos ha mostrado el amor de Dios por cada uno de nosotros. ¿Sabes por qué? Porque la angustia, el miedo y el odio traen consigo el caos, el vacío y la desesperación, mientras que el amor nos brinda seguridad y paz. Dios y su Hijo Jesús te aman y no desean perderte. Como Padre amante, el Señor desea que seas feliz hasta el punto que ha pagado por ello el precio más alto.


En Romanos 5: 7-8, la Biblia te recuerda que: «No es fácil que alguien se deje matar en lugar de otra persona. Ni siquiera en lugar de una persona justa; aunque quizás alguien estaría dispuesto a morir por la persona que le haya hecho un gran bien. Pero Dios prueba que nos ama, en que, cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros».
¿Es tu deseo que el Señor te ayude a creer en su amor y a confiar en él? Si es así, envíale este mensaje:
Padre celestial, he oído hablar de ti y ahora te Pido ayuda para creer que Jesucristo se entregó en mi lugar en la por amor, para que yo no perezca, sino que alcance la vida eterna. Amén.

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