martes, 8 de mayo de 2018

Acciones más que palabras

Se cuenta que en una oportunidad, en Japón, se discutía acerca de cómo glorificar a Dios en nuestras vidas. Una señorita dijo que esto podía ilustrarse de la siguiente manera:


Una mañana de primavera mi madre consiguió unas semillas de flores, y aunque era feas las sembró. Brotaron, crecieron y florecieron. Un día una vecina nos visitó, miró las flores y dijo: “¡Oh, qué bonitas son! Por favor, ¿me regala una?” Bien, si la señora hubiera visto solamente las semillas no las hubiera pedido. Igual que con el cristianismo. Hablamos con nuestros amigos acerca de las verdades de la Biblia y poco caso hacen a nuestra recomendación y elogio del Evangelio. Pero si ven estás verdades florecer en nuestras vidas en forma de palabras benignas y hechos de bondad y benevolencia, etc. entonces dirán: “¡Qué hermosas son estas vidas!” Así muchas veces podemos predicar el evangelio más por nuestros hechos que por nuestras lenguas.


No hay nada más poderoso que el ejemplo, de nada servirá que nos desgastemos hablando y tratando de hacer que la gente entienda una verdad si es que no vivimos acorde a ella.
En Colosenses 3:7-10 encontramos una exhortación: “Ustedes solían hacer esas cosas cuando su vida aún formaba parte de este mundo; pero ahora es el momento de eliminar el enojo, la furia, el comportamiento malicioso, la calumnia y el lenguaje sucio. No se mientan unos a otros, porque ustedes ya se han quitado la vieja naturaleza pecaminosa y todos sus actos perversos. Vístanse con la nueva naturaleza y se renovarán a medida que aprendan a conocer a su Creador y se parezcan más a él”. Colosenses 3:7-10 (NTV)


Es probable que muy pocas personas recuerden nuestras palabras pero muchas nos recordarán por nuestros actos y la vida que llevamos. Es por eso que debemos buscar siempre que los frutos del Espíritu Santo sean visibles en nuestro diario vivir.


“En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!” Gálatas 5: 22-23 (NTV)


Que la gente quiera ser como tú, que anhelen eso que te hace especial y que permite que seas diferente a los demás, que tu vida sea tu mejor discurso.

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