jueves, 12 de abril de 2018

UNA LLUVIA GRANDE SE OYE

“41 Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye.” 1 Reyes 18:41

Elías se paró un día frente a la reina y le dijo que no llovería sino hasta que él lo dijera; y no llovió por tres años y medio. Ahora, llegó el momento de que lloviera; Elías había orado una vez para que se cerraran los cielos, pero tuvo que orar siete veces para que se abrieran. Tú te preguntas cuántas veces vas a tener que orar para que llueva; y la respuesta es: Todas las necesarias; no hasta que llueva, sino hasta que tú percibas que va a llover, hasta que tú tengas la certeza de que va a llover.

Elías enviaba a su siervo cada vez que oraba, para que viera si iba a llover; y cada vez este regresaba y le decía que no. No fue sino hasta la séptima vez, que entonces le dijo que veía una nubecita como la palma de la mano. Elías había dicho: Una lluvia grande se oye. Estamos creyendo que, en el nombre de Jesús, se oye una grande lluvia para tu vida. Oye que hay algo grande que viene para tu vida; algo grande se oye. Quizás no se ve nada, pero hay algo que se está oyendo. Algo grande se está oyendo en tu casa, algo grande que viene para tus hijos, para tu familia. No se ve, pero se oye. ¿Qué estás oyendo? ¿La crisis? ¿O la lluvia grande que viene del cielo para tu vida? ¿Estás oyendo que viene bendición para tu vida, o estás pendiente a los problemas? Oye que, desde el cielo, hay algo grande que viene para tu vida. Hay un tiempo de aceleración. Apresúrate, porque grande lluvia viene en esta hora, en el nombre de Jesús.

Grande lluvia viene. No la ves, pero la oyes. Se oye un estruendo de que algo grande viene para ti, de que tu situación está a punto de cambiar. El problema de muchos es que no hacen lo que hizo Elías. Dice el verso 42 que, después que oyó una lluvia grande, Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas. 43 Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces. O sea, no solo Elías oró, sino que oró no basado en lo que estaba viendo, sino en lo que está oyendo en el mundo espiritual. El problema es que tú estás orando basado en lo que estás viviendo, no basado en lo que estás oyendo. Él no oró para oír; él oyó para orar.

Y dice la Palabra que Elías se puso su capa; porque, cuando tú vas a orar basado en lo que estás oyendo, nada te debe interrumpir. Tú no oras a Dios implorando por una casa; tú oras porque Él te dijo que te la iba a dar; oras porque tú ya escuchaste, y sabes que pronto vas a ver. Si no te pones tú capa, vas a oír el noticiero. ¿En quién tú has creído? Cada vez que recibes palabra, escuchas lo que Dios va a hacer, para orar basado en lo que oíste; y tú lo que oyes es que viene lluvia, viene un tiempo de aceleración, Dios va a apresurar su palabra y pronto viene el cumplimiento de todo lo que tú has estado esperando.

“44 A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje. 45 Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel. 46 Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel.” 1 Reyes 18:44-46

Hay gente que siempre llega tarde. Dios te avisa lo que viene y, si no te mueves rápido, vas a llegar tarde. Elías oye y ora por lo que oyó; y, cuando él ve la primera señal, dice: Salgan corriendo. Acab se tardó, y Elías llegó a la ciudad primero. Elías se le adelantó; en un tramo de 17 millas, él corrió más rápido que un caballo. Hay gente que siempre llega tarde porque no se preparan por lo que oyen, sino por lo que ven. Acab tiene que haber mirado también y, al no ver nubes, pensó que tenía tiempo. Pero Elías se amarró la cintura. La Biblia dice, en 1 Pedro, que tenemos que amarrarnos la cintura con la palabra de verdad.

La razón por la que mucha gente piensa que Dios está tarde en sus vidas es porque están esperando de los caballos que los lleven por adelantado a lo que Dios quiere hacer. Acab, como tenía un carruaje con caballos, se dio puesto; pero Dios hizo por Elías lo que los caballos no hicieron por Acab. En la Biblia, los caballos representan la confianza del ejército. Y aquel lugar, Jezreel, era conocido por sus carruajes. Lo que Dios está demostrándole a aquella gente es: No son tus carruajes los que hacen que se derrame la bendición; es el poder de Dios sobre tu vida. La razón por la que piensas que Dios está tarde es porque estás esperando que lleguen carruajes a tu vida para llevarte al destino que Dios tiene para ti, cuando tú no necesitas de un caballo ni de nada natural para llegar.

Ya oíste lo que viene, pero todavía no te has amarrado la cintura. Lo que ya oíste de Dios va a pasar, y si va a pasar es porque Dios lo va a hacer contigo. Tú no dependes de una financiera, de nada natural, para llegar al lugar de Dios para tu vida. Deja de estar esperando por los recursos que tú piensas que debes tener para hacer lo que Dios quiere hacer en tu vida; sal corriendo por ti mismo, y tú vas a llegar antes que aquellos que tienen los recursos, los que creen tener las oportunidades. Esos se están dando puesto porque están confiando en que tienen lo necesario para llegar a tiempo. Pero tú, que no tienes carruaje, tienes al Dios Todopoderoso, que te ha dicho que te muevas, y tú te vas a mover más rápido de lo que se mueve el mundo, porque hay un sonido del cielo que dice que llegó el momento donde Dios va a prosperar tu vida. Recibe esta palabra y entiende que Dios va a comenzar a acelerar tus pasos. Cierra tus oídos a lo que el mundo ha dicho, y oye la grande lluvia que se oye caer del cielo sobre tu vida.

Hay gente que se va de su país, no porque las cosas estén mal, sino porque el mundo ha dicho que las cosas están mal. Están sobresaturados de malas noticias; todo lo que oyen son problemas. Cierra tus oídos a los que dice el mundo; oye lo que Dios está diciendo, y muévete a la velocidad de Dios.

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