lunes, 9 de abril de 2018

Salvemos una vida

En una reunión de jóvenes, un muchacho compartió una historia acerca de una mujer que siendo aún joven estaba embaraza, sin el apoyo de pareja ni de sus padres se hallaba con una pregunta dando vueltas en su mente: ¿Qué hago con este bebé?, y él nos transmitió esta misma interrogante.
Una jovencita presurosa respondió: “Si no tiene apoyo de nadie y es joven debería abortar pues su vida será muy difícil.”


Después de un silencio, el joven completó la historia y dijo: Esta madre joven, soltera y sin apoyo, decidió tener a su bebé, este soy yo. Un joven con muchas aptitudes, sano, lleno de vida y que era una bendición para su madre.
Quizás muchos pueden pensar de la misma manera cuando se encuentran en situaciones similares, escapar de la responsabilidad, “librarse” de aquello que les “perjudica”. Pero no toman en cuenta que en realidad un hijo, a pesar de las circunstancias en las que llegó, es una bendición infinita de Dios. “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre.” Salmos 127:3 (RVR1960)


La vida es un don que el Señor otorgó y nadie más que Él puede disponerla. Su palabra dice que nos formó: “Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fui formado, Y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas.” Salmos 139:13-16 (RVR1960)


Además que si nos ponemos a pensar en las personas que tomaron la decisión de abortar, ellas sufren muchas secuelas y sobre todo luchan con la culpa, ansiedad y depresión.

Si conoces a alguien que quiere dar este paso errado, apela a su conciencia y la misericordia, ayuda a salvar esa vida que está en su vientre. Tal vez fuiste quien cometió esta injusticia, considera que Dios quiere perdonarte, quitar la culpa y darte una nueva oportunidad, es cuestión de que confíes en que no te condena sino que quiere restaurar tu vida por completo.
¡Cada vida es muy importante para Dios y la sociedad!

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