domingo, 4 de febrero de 2018

Reflexión: Cuando lo Invisible se hace Visible

“Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” (1 Samuel 16 7)

En ti y en todos nosotros existe una parte visible y una invisible.

Pero muchas veces la única parte que la gente ve de ti es la parte visible. Y muchas veces, la única parte que tú ves de tu vida es la parte visible, dejando por desconocido tu verdadero yo, el yo que el hombre no ve pero Dios sí.

Vivimos tan preocupados por lo visible que llega un momento que solo somos actores en un libreto y ni siquiera nos damos cuenta que parte estamos actuando y que parte estamos viviendo en realidad.

Hasta en el mundo oímos la expresión: necesitas encontrarte a ti mismo.

Si en algún momento te has sentido así, que necesitas encontrarte a ti mismo, te invito a que le permitas a Dios ministrarte por medio de este mensaje. Pero me gustaría que hiciéramos en este momento una oración con palabras sinceras:

Señor, reconozco que si hay algo real en la vida eres tú, y acepto por fe que tú tienes el poder para hablarme. Te pido que toda palabra que venga del hombre sea desechada y que toda la que venga de ti permanezca en mi corazón. En el nombre de Jesús oro, amen.
La Parte Visible.
Fijate en esto, Samuel era un hombre que oraba, que hablaba con Dios, era un hombre espiritual. Sin embargo, cuando fue enviado a ungir al futuro rey de Israel, se puso a mirar a los que tenían porte de rey. En otras palabras, se puso a mirar lo visible. Por lo tanto, este es un error que nos puede pasar a todos.

Desde pequeños aprendemos a tomar ventajas de nuestras virtudes y a esconder nuestros defectos. También, aprendemos a decir lo que otros quieren oír, así sea mintiendo; y buscamos ser populares, así sea pecando; nos vestirnos como otros se visten, así sea inmoral; en fin, aprendemos a ponernos un disfraz, el disfraz que impresione a todos en el exterior.

Y esto lo hacemos tanto que se vuelve parte de nuestro ser, de nuestra personalidad. Es mas, llega el momento que hasta nosotros mismos creemos que ese ser ficticio que hemos inventado es nuestro verdadero yo.

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