miércoles, 31 de enero de 2018

Principado

“Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.” Isaías 9:6 (NVI)


De los muchos adjetivos que Isaías le da al niño Jesús, uno de los que menos prensa tiene es justamente este. La versión Reina Valera dice “El principado sobre su hombro”, la Nueva versión Internacional dice “la soberanía reposa sobre sus hombros”


Principado, se relaciona con príncipe, a quien se le daba todo el poder y la autoridad independiente del reino. Soberanía es autoridad. Es notable como la Biblia sostiene un principio inequívoco acerca de Jesucristo. Como Èl es Dios, Él también es el Soberano.


Nos acostumbramos a minimizar la autoridad de Cristo, porque es el Hijo, y como es el buen Pastor, nos acomodamos a faltarle el respeto. La costumbre, la habitualidad, la amabilidad del Salvador, el hecho que oramos en su nombre y que la Gracia nos suple las falencias nos hace olvidar que Jesucristo es el Rey de reyes y Señor de Señores.


Él es el Juez, es el Soberano, es el Rey. Es cierto que la salvación nos dio intimidad, pero eso no desmerece quien Cristo es. Es quien merece toda la honra, la gloria y la alabanza.


¿Cruzarías el semáforo en rojo si ves que está la policía detrás del semáforo? Obviamente que no porque tiene la autoridad para hacernos la multa, y sería una tontería cometer una falta a la vista de aquel que nos puede multar.


Esto que resulta una obviedad para la vida cotidiana, es una tontería que hacemos habitualmente en la vida espiritual. Sabemos perfectamente las leyes de Dios y conocemos bien todos los mandamientos. Estamos acostumbrados a diferenciar lo bueno de lo malo porque sabemos que cosas le agradan a Dios y cuales le molestan. Conocemos el pecado.


Sin embargo, no nos importa pecar deliberadamente sabiendo que el mismísimo Señor de Señores nos está viendo. Aquel que puede multar el alma tiene la mirada puesta sobre tu vida, y nunca se duerme, nunca mira para otro lado, está siempre cerca de ti y se duele cuando vos cometés una falta. Porque es como si te rieras de su autoridad, como si no te importara su muerte en la cruz, como si no valoraras el sufrimiento y el castigo que costó tu salvación.

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