miércoles, 31 de enero de 2018

Lo que le Impide a la Humanidad Dejar de Pecar

Es posible encontrar, a lo largo de la Escritura, advertencias respecto a lo que el pecado conlleva. Dios ha dicho una y otra vez que el pecado lastima no sólo al pecador sino a todos quienes se encuentran a su alrededor y, en últimas, que arrastra al pecador a la muerte.


(14) …cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen.


(15) Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte.


Santiago 1:14-15


Pecar siempre conlleva resultados negativos. Puede que en principio sea difícil ver el lado dañino de lo que se origina en el pecado, pero no debe caber duda que decepcionando a Dios, nadie encuentra recompensas duraderas.
Entonces, ¿por qué no asumir responsabilidad los pecados cometidos y tratar de reencontrar el camino del amor de Dios? Hay tres problemas fundamentales que le impiden a la humanidad parar de pecar:


El pecado parece menospreciable. Es de conocimiento de todos que el pecado es un tema serio y, sin embargo, día a día es evidente que todos –incluyendo los seguidores de Cristo— tienden a subestimarle.


Es tal el grado en el que el pecado es subestimado en la contemporaneidad que muy rara vez se le llama por su nombre. A todos les parece mucho más sencillo decir que sus actos fueron una “pequeña indiscreción” , un “errorcito”, un “lapso”.


A derecha e izquierda el pecado es denominado de este modo porque se busca reducirle en escala. Mas, cristianos, no hay que engañarse. El adulterio no es un “errorcito” es un pecado; quién maltrata a sus padres no ha tenido un “lapso”, está pecando; quien blasfema contra Dios o su prójimo no comete una “indiscreción”, comete un pecado.


Así, aún cuando lastima, el pecado es capaz de actuar de forma tan sutil que al pecador le es difícil reconocer su daño. No se trata aquí de que el pecador no pueda reconocer lo que esta bien de lo que está mal.


Se trata, mas bien, de que aunque el pecador sabe que está actuando mal; le es, en ocasiones, imposible reconocer las consecuencias de su pecado como algo negativo puesto que cuando el hombre actúa para complacer sus deseos, la inmediatez del placer nubla su habilidad para reflexionar y para hacer frente a lo que en el fondo sabe que no está bien.


El pecado esclaviza—Ciertamente les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado —respondió Jesús—.Juan 8:34


El segundo problema es que, una vez una persona ha decidido pecar, continuar pecando es mucho más sencillo que tratar de vivir el arrepentimiento: tomando responsabilidad por los actos cometidos y esforzándose por remediarlos.
El pecado esclaviza. Dios, en su infinita bondad, ha dotado a la humanidad de libre albedrío y la respuesta de ésta ha sido volver con soberbia a la esclavitud. Cada quién se esclaviza de una forma diferente.


Unos son esclavos del dinero y no se detienen ante nada para conseguirlo. Otros, son esclavos de su cuerpo y se entregan a la vanidad y la lujuria. Algunos otros, pregonan y ensalzan el nombre del Altísimo, para mover a las masas a actuar de forma injusta o violenta.


Las consecuencias del pecado son nefastas, pero una de las cosas más terribles que trae consigo es que crece como una adicción. Cristianos, si un pecado pequeño se pasa por alto porque se ve como una pequeñez, esta misma pequeñez abre espacio a un pecado más grande y así sucesivamente.


Una vez que una persona se convence que haber empezado ese rumor tontito en la oficina fue una simple “indiscreción”, que no sólo no es necesario remediar sino que en ultimas no tiene importancia, ¿qué la detiene de empezar a tomar materiales que “de cualquier manera nadie va a notar que desaparecieron”?


La vergüenza (8) Cuando el día comenzó a refrescar, oyeron el hombre y la mujer que Dios el Señor andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera.
(9) Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo:—¿Dónde estás?(10) El hombre contestó:—Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí.(11) —¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? —le preguntó Dios—. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí comer?(12) Él respondió:—La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí.(13) Entonces Dios el Señor le preguntó a la mujer:—¿Qué es lo que has hecho?—La serpiente me engañó, y comí —contestó ella.Génesis 3: 8-13
Todo pecado lastima y cuando una persona es forzada a ver y reconocer el daño que sus pecados han causado: se avergüenza.

Empero, sentir vergüenza no tiene nada de malo cuando genera el deseo de mejorar. El problema es que las personas se avergüenzan no de su pecado, sino de ser vistas como pecadoras y en lugar de tratar de remediar sus acciones buscan un chivo expiatorio.


Cuándo Dios le pregunta a Adán la razón por la que se ha escondido –por la que se ha avergonzado de estar en presencia de Dios—, Adán no cae de rodillas en arrepentimiento. Adán no contesta “Señor, perdóname. He hecho algo que no te va a gustar.”


Por el contrario, lo que Adán hace es culpar a Eva. La mujer, quien también ha obrado en contra de la voluntad de Dios, tampoco se avergüenza de su acción ni clama por perdón. La mujer, culpa a la serpiente.
Ni el hombre ni la mujer se hacen responsables de sus acciones. Ni el hombre ni la mujer parecen arrepentirse, puesto que ninguno trata de remediar sus actos. Sin embargo, los dos parecen más que listos para culpar a alguien más por sus propias decisiones.


Cristianos, hay que dejar de buscar excusas. Haber pecado no es vergonzoso, vivir en el pecado lo es. No hacer de cada nuevo día, un día de compromiso para vivir a la altura de las expectativas de Dios y dejar entrar su luz en la oscuridad dejada por el paso del pecado es lo que debe deshonrar al seguidor de Cristo.
Para terminar, cada seguidor de Cristo debe reflexionar sobre si mismo y sus acciones. El pecado aleja a la humanidad de Cristo, porque una vez que el hombre opta por la oscuridad del pecado, le parece que volver a la luz lastima sus ojos cuando en realidad la luz sólo busca ayudarle a ver la belleza de la vida.


Cada Cristiano ya conoce que el camino para dejar de pecar, es volverse a la Escritura y seguir a Cristo de corazón. Después de todo, esta es la invitación:


(1)Por lo tanto, abandonando toda maldad y todo engaño, hipocresía, envidias y toda calumnia,


(2) deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán en su salvación,


(3) ahora que han probado lo bueno que es el Señor.1 Pedro 2: 1-3

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