lunes, 29 de enero de 2018

Cuando crees profundamente en algo

“No vivan ya según los criterios del tiempo presente”. (Romanos 12:2).


No mires, pero puede que alguien esté comiendo lo que tú has tirado al cubo de la basura… Deja que te lo explique. Los friganos son un grupo de personas que boicotean a las sociedades capitalistas evitando comprar todo aquello que el resto de nosotros adquirimos cada día. A menudo, son personas muy cualificadas, con buenos trabajos y un buen salario. Aunque se pueden permitir comprar comida, autos y ropa nuevos y caros, no lo hacen. Consideran que nuestra sociedad consume en exceso y que eso provoca que nos deshagamos de las cosas y las sustituyamos demasiado rápido. Esto genera cantidades tan grandes de desperdicios que muchas personas se pueden alimentar y vivir simplemente a base de lo que nuestra sociedad desecha. Y eso es precisamente lo que hacen los friganos: vivir de nuestros desechos sumergiéndose en los contenedores. Entre otras prácticas más sofisticadas, suelen rebuscar en las basuras de las casas, de las tiendas y de los restaurantes para conseguir artículos útiles, incluida la comida que consumen.


Los friganos resumen sus convicciones diciendo que abrazan la comunidad y la generosidad oponiéndose al materialismo, la conformidad, la codicia y la apatía moral. Suena un poco como las creencias cristianas, aunque aún no he visto a ningún hermano de mi iglesia meterse en un contenedor por Jesús.


No estoy diciendo que Dios nos llame a alimentarnos de los contenedores (cosa que me alegra mucho, porque soy un poco obsesiva compulsiva en lo que se refiere a los gérmenes y las fechas de caducidad) pero quizás podamos aprender algo de todo esto. Los friganos creen profundamente en algo y por eso sus acciones son acordes a sus convicciones. Aunque tienen dinero y podrían invertir grandes cantidades en ellos mismos, no lo hacen.


Jesús dijo: «No amontonen riquezas aquí en la tierra, donde la polilla destruye y las cosas se echan a perder, y donde los ladrones entran a robar. Más bien amontonen riquezas en el cielo […]. Pues donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón» (Mateo 6: 19-21). Un buen indicador de lo que nos importa es aquello en lo que invertimos nuestro dinero. Con cada compra, podemos manifestar lo que creemos y actuar acorde a los valores de Dios o del mundo.


Ponlo en práctica: Antes de adquirir algo, ora acerca de ello. La manera en la cual gastas tu dinero, ¿es acorde a lo que enseña la Biblia o el mundo?


Ponlo en oración: Pide a Dios que te ayude a descubrir la mejor manera de invertir tu dinero.

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