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domingo, 9 de julio de 2017

REFLEXIÓN – La imagen no es nada, el corazón es todo.

“Y Jehová respondió a Samuel: No mires su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos; pero Jehová mira el corazón.” 1 Samuel 16:7 (RVR)
Mira


Las apariencias engañan. Dice un viejo dicho “En este mundo traidor, nada es verdad o mentira, todo es según el color, del cristal con que se mira”. Vivimos de apariencias. Ponemos en el facebook la foto de extrema felicidad en nuestro mejor momento, cuando en realidad estamos consumidos por la tristeza. Ponemos fotos de familias felices cuando nos agarramos y peleamos todos los días. Nos vestimos con ropa de marca y zapatillas caras, pero no podemos pagar el alquiler de casa donde vivimos. Aparentamos con un gran celular, pero no tenemos trabajo.


Vivimos de las apariencias, porque este mundo mentiroso nos muestra todo el tiempo prototipos de belleza, de éxito, de alegría y de placer que es todo visual. Fijate las publicidades de la tele. Apuntan solo a eso. Y como buenos consumidores compramos esa idea y la llevamos a nuestras vidas. Estamos muy lejos del muchacho fachero con un auto lujoso y un rico perfume que vemos en las publicidades. Cuando en realidad, no somos tan lindos y viajamos en colectivo.


Gracias a Dios, Dios no mira lo exterior. No se deja impresionar por las apariencias. Dios mira el corazón. Estaba Samuel eligiendo un nuevo rey para Israel, y Dios le marca la familia de Isaí. Claro. El profeta buscaba un hombre poderoso, fuerte y decidido. Pero Dios tenía en sus planes a un adolescente bonito y frágil, un pastor de ovejas que no valía mucho a los ojos de los hombres, pero que tenía un corazón conforme al corazón de Dios.


Iba a ser el mejor rey de toda la historia de Israel, aquel por quien nadie daba dos pesos. Es que Dios ve el potencial en cada uno y sabe cuánto podemos ofrecer.


¿Te sentís devaluado hoy? ¿Crees que no vales demasiado? ¿sos uno más del montón de personas desconocidas que viajan apretadas en el tren y que a nadie llaman la atención? No sos uno más. Para Dios sos un especial tesoro. No importa tu billetera, ni tus estudios, ni tu familia, ni tu posición social. Dios quiere ver tu corazón de león, tu pasión por el evangelio, tu deseo de fidelidad, tus ansias de santidad, para poder utilizarte en su glorioso reino.


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