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jueves, 6 de julio de 2017

Recibir

“Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis y os vendrá.” Marcos 11:25 (RVR)


Jesucristo había entrado a Jerusalén en forma triunfal y una multitud los había recibido en forma grandilocuente. Fueron a descansar a Betania y cuando salían, Cristo tuvo hambre. Vio de lejos una higuera que tenía hojas. Era tiempo de higos, así que se acercó al árbol a buscar algún fruto. Pero no había ningún fruto, por ello Cristo maldice a la higuera que al día siguiente estaba seca. Pedro notó el tema y se lo comenta a Jesucristo, quien en respuesta le dice que aquel que tenga fe, puede mover un monte de la tierra al mar.


Y remata la explicación con este texto precioso, una promesa espectacular. ¿Tenés fe? Entonces podes pedir lo que quieras, que si está dentro de la Voluntad de Dios, Él te lo va a dar. A veces pedimos sin fe. Cada uno sabe si hace la oración con la profunda confianza de saber que Dios puede hacer el milagro, o pidiendo por si acaso sucede algo.


Dios también lo sabe y sobre la base de nuestra fe, es su respuesta. Si le pedimos en un dedal, Él nos va a responder en un dedal. Si le pedimos en un conteiner, Él nos va a responder en un conteiner. Perdimos la habitualidad de orar. Perdimos la fe profunda de los primeros cristianos que pedían y recibían. ¿Cuándo fue la última vez que pediste algo a Dios que era muy difícil y Dios te lo dio?


Estamos queriendo hace 6 años sacar un auto con un descuento por discapacidad. Y AFIP pone siempre una traba al trámite. El trámite es largo y complicado. Lo iniciamos más de 8 veces y siempre lo rechazan. Nos pusimos a orar como familia específicamente sobre este tema. Y esta última vez, AFIP aprobó el trámite y pudimos avanzar. Oramos con fe, pedimos con fe. Y Dios quiso respondernos.


Hay que probar a Dios. Él está dispuesto a bendecirnos y prosperarnos. A responder el clamor de nuestra necesidad. Pero a veces fallamos en la consigna dejada. No oramos con fe. Volvé a confiar en nuestro poderoso y amante Dios. Sus manos están dispuestas para actuar en tu favor. Solo espera que le pidas con fe.

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