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viernes, 7 de julio de 2017

QUE TU VIDA AGRADE A DIOS

“9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema. 10 Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.” Gálatas 1:9-10

Habrá gente a los que no les caerás bien, cuando sepan que eres cristiano y que le sirves a Dios. El que le sirve a Cristo, no está enfocado en agradar ni ganarse el respeto de los hombres. El enfoque es vivir una vida interior que sea plena, vida que solo se encuentra en el conocimiento y la búsqueda de cómo agradar a Dios.

El problema es que muchos cristianos piensan que todo el mundo les va a ver de manera correcta, y que, lo que son, hará que ganen el respeto de todos. La realidad es que no todo el mundo te va a querer. La gente va a hablar mal de ti, te van criticar, te van a hacer daño. Por eso, tú tienes que aprender a caminar en esta vida, sintiéndote cómodo con quien tú eres. Tienes que vivir por encima de lo que el mundo piense y haga porque, al fin y al cabo, la palabra que cuenta es la Palabra de Aquel que salvó tu vida, Aquel que murió por ti. Tienes que agradarle solo a Él, y vivir solo para Él. Hasta que, claramente, no entiendas esto, mirarás tus circunstancias y, cuando te falte algo, pensarás que solo los que están a tu alrededor pueden sacarte de aprietos.

Un joven fue donde un sabio porque se sentía despreciado y que nadie lo comprendía. El sabio, sin contestar su dilema, lo envió a vender un anillo por no menos de una moneda de oro. Después de haber intentado vender el anillo, sin cumplir su cometido, el joven regresó donde el sabio, preguntándole cuál es el verdadero valor del anillo, porque nadie lo quería comprar, y mucho menos por aquel precio. Entonces, el sabio lo envió al joyero que creó el anillo, para que verificara su valor. El joyero le dijo que el anillo costaba 58 monedas de oro y, dentro de una semana más, valdría 70 monedas de oro. El joven se volvió loco, no entendía, y le llevó el mensaje al sabio. El sabio le dijo: Ahí está la respuesta a tu problema; vas donde gente que no sabe el valor de lo que tienes, por eso no te hacen caso; solo los expertos saben y entienden el valor de lo que tú tienes.

¿Por qué buscas la apreciación de gente que no te creó? Solo el que te formó, aun con tus imperfecciones, conoce tu verdadero valor. Ni tu madre, ni tu padre te aman tanto como Aquel que te vio en el vientre de tu madre, que te formó, que te predestinó. ¿Por qué, entonces, te pierdes en la opinión de los que no pueden ver tu verdadero valor? No es que ellos sean malos, es que no saben el anillo que tienen en las manos, no saben lo preciado que tienen en las manos. Deja de venderte por mucho menos de lo que vales. Entiende que, al único que tienes que agradar, es al Rey de reyes y Señor de señores; por eso, no puede haber pecado en tu vida.

Se acabó; deja de estar pendiente a los malos comentarios de la gente en las redes sociales, a aquel que te critica, a aquel que dejó de seguirte o de ser tu amigo. Mejor es así, para que no vean todo lo que Dios va a hacer contigo. Algún día se enterarán; Dios les mostrará el lugar a donde te ha llevado. Deja de estar buscando que te aprecien en todo lugar, cuando solo los expertos saben lo que tú vales, lo grande que tú eres; solo los joyeros saben el valor de la joya que eres. Solo el que conoce tu valor, dará mucho más de lo que otros están dispuestos a dar por ti, mucho más de lo que tú podrías imaginar.

Dios quiere que entiendas que solo tienes que agradarle a Él porque, al fin y al cabo, Él es el que sabe cuál es tu verdadero valor. Si lo que buscas es agradarle a cualquiera, no estarás en las manos del joyero correcto, y tasarán tu valor por debajo de lo que es correcto. ¿No encuentras quien pague por ti lo que tú sabes que vales? Intenta a Jesús; cuando estás en sus manos, estás en las manos correctas, dándole y sirviendo a Aquel que dio su vida por ti en la cruz del Calvario. Él pago el precio más alto que alguien pueda pagar.

Así que, olvídate de lo que la gente hable de ti, y de aquellos que te han menospreciado. No se trata de hacer todo lo necesario para agradarle a la gente; se trata de hacer lo necesario para servir y agradar a Dios, al que dio a su Hijo por ti. Esto no es cuestión de popularidad, sino de cumplir con el llamado de Dios para tu vida, y saber que, aunque no quieran comprarte, aunque no te elijan entre los demás anillos en vitrina, solo Dios pagó por ti, y Él te llevará y te pondrá en el lugar correcto para cumplir su voluntad en tu vida. Lo que hagas, hazlo para agradar a Dios.

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