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lunes, 17 de julio de 2017

OBSESIÓNATE CON EL ORDEN

“2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.” Génesis 1:2

A Dios le mueve el desorden de la tierra, a ordenar todas las cosas. El desorden provoca vacío, y el vacío trae tinieblas. Por eso, primero hay que ordenar, para entonces llenar ese vacío; de lo contrario, el vacío va a persistir. Dios ordena, para llenar, bendecir, y luego, multiplicar.

Cuando el hombre peca, y se vacía, todavía queda el poder de multiplicar; pero, entonces, lo que el hombre multiplica es la maldad. Por eso dice la Palabra, en Génesis 6, que la maldad se multiplicaba, y que los designios del corazón del hombre eran de continuo hacia el mal. El mundo se volvió a desordenar. Entonces, Dios tuvo que conseguir a un hombre para multiplicar la nueva creación; porque Dios no se puede reproducir en esta tierra, sino a través de nosotros. Y Dios escogió a Noé, y lo que él cargó en el arca, era lo que se multiplicaría en la nueva creación. Aquella arca no se iba a hundir con el diluvio porque, cuando tú cargas lo que Dios va a usar para multiplicar, es imposible que el diluvio te destruya. Por eso, lo que ha ahogado a otros, no te ha ahogado a ti.

Para llenar el vacío, tiene que haber orden en tu vida; y, lo primero que vemos en el orden, es separación. En la creación, en Génesis 1, lo primero que Dios hizo fue separar. De las tinieblas, sale la luz; separó el agua de la tierra; separó el cielo de la tierra; hubo un proceso de separación, para poder ver claramente qué iba en cada lugar. Pero no nos gusta el proceso de separar, porque tiende a ser uno doloroso; pero no puede haber orden en tu vida, sino hasta que separes y pongas las cosas, cada una, en su lugar.

Dios está obsesionado con el orden, y Él quiere que tú vivas en el orden correcto. La Palabra dice, por ejemplo, que si vas a ofrendar, y te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, dejes allí la ofrenda y vayas y te arregles primero con tu hermano, y entonces regreses a presentar tu ofrenda. Jesús habló de que pusiéramos primero el reino de Dios y su justicia, y todas las cosas nos serían añadidas. Esta es la solución al afán: Poner las cosas de Dios primero. Si tu confianza está en Dios, Él se encarga de añadir las cosas que tú necesitas. La solución a la ansiedad es poner primero aquello que estabas poniendo segundo; es poner las cosas en el orden correcto.

Tú deberías estar obsesionado con tener tus prioridades en el orden correcto. Cuando ordenas tu vida, tienes la satisfacción de haber alcanzado algo, y Dios comienza a llenar tus vacíos. Aunque, al principio, parezca difícil, el poner tus cuentas en orden, el poner a Dios primero, trae aumento, bendición, prosperidad a tu vida; Dios comienza a abrirte puertas. Dios no puede llenar el vacío, y no puede comenzar el proceso de multiplicación en tu vida, sino hasta que tú comiences, intencionalmente, a vivir una vida de orden.

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; 2 Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. 3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.” Salmos 1:1-3

Hay varias cosas que tú tienes que procurar ordenar en tu vida; una de ellas, tus acciones, tus decisiones. Vivimos vidas en automático; haciendo lo mismo, pretendiendo tener resultados diferentes. Tienes que estar consciente de las acciones, las decisiones, los caminos que estás tomando en tu vida. Comienza a analizar tus pasos; di como el salmista: Señor, ordena mis pasos.

Muchos pensamos que estamos en control de todo lo que hacemos, pero muchas veces nuestras acciones son influenciadas por cosas que ni cuenta nos damos. En el mercadeo, por ejemplo, hay cosas sutiles, como la música, que pueden influenciar tus decisiones de compra. Creemos que estamos tomando nuestras decisiones, sin darnos cuenta de todas las pequeñas cosas que influencian nuestros pensamientos y, eventualmente, nuestras decisiones. Y vivimos con los resultados de nuestras decisiones, aunque no sean los que quisiéramos. Así que, tienes que pensar cómo debes actuar, para poder tomar una decisión consciente.

Si tú no comienzas a poner en orden tus acciones y tus decisiones, alguien está decidiendo por ti. Ordena tu vida, a través de la Palabra; de lo contrario, eventualmente, terminarás en un lugar donde nunca has deseado, queriendo alcanzar otras cosas, y cuestionando la voluntad de Dios para ti. Desde hoy, en adelante, toma control de tus acciones y de tus decisiones.

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