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miércoles, 5 de julio de 2017

NO TE FALTA NADA

“Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” Juan 17:1-3

La vida eterna no es extender nuestros años, sino que es un conocimiento, una revelación. La sociedad está obsesionada en extender los años, y busca todo tipo de medicina para extender la vida. Toda la vida, el hombre ha buscado la manera de inmortalizarse, ya sea por la ciencia, o por sus grandes legados. Y es que la humanidad no ha entendido el concepto de eternidad, que no es la vida en el más allá, sino que es en esta vida conocer a Dios y conocer a Jesucristo. Eternidad es cuando se tiene esa relación. Ese conocimiento es lo que te permite vivir una vida plena y despierta a todas las realidades de Dios; pero hasta que el hombre no llega a ese entendimiento, jamás podrá vivir en la libertad que debe vivir.

Hay muchas cosas que impiden esa revelación. La necesidad de alcanzar la vida plena en Dios viene por el sentimiento de que debe haber algo más. En la Biblia, el joven rico, a pesar de sus riquezas, fue a donde Jesús porque sabía que había algo más. El problema es que no estuvo dispuesto a hacer lo que se requiere para alcanzar ese algo más. El deseo lo hizo buscar en el lugar correcto, pero no aceptó el reto para alcanzarlo. En el caso del hijo prodigo, cuando perdió todo lo que tenía, se dio cuenta que tenía que haber algo más que las algarrobas que comía. Sin embargo, el hijo pródigo entiende que todo lo que él necesitaba estaba en la casa de su padre. Cuando busca la relación con su padre, no solo se restaura la relación, sino que se restauran todas las cosas. Fue el sentimiento de que tiene que haber algo más grande y poderoso lo que lo movió. Cuando una persona entiende eso, persigue esa vida en Dios.

Cuando Dios mandó al pueblo de Israel a que construyera en Tabernáculo, hizo que lo construyeran en tres compartimientos: Los atrios, el lugar santo, y el lugar santísimo. No se hizo así para separar a Dios del hombre, sino para que el hombre siempre tuviera el deseo de ir más profundo. Cuando experimentas lo que hay en los atrios, quieres saber lo que hay en el lugar santo; cuando experimentas lo que hay en el lugar santo, quieres entrar al lugar santísimo.

Nuestra vida con Dios siempre tiene que ir marcada por el deseo de profundizar cada vez más. Ya, hoy, no están las tres divisiones; tenemos acceso directo al trono de la gracia, pero teniendo acceso directo, hay gente que no busca. Aunque tengas acceso directo, si no tienes el deseo de profundizar más, nada va a pasar. Aunque Dios removió las tres cortinas que nos separaban, Él siempre ha deseado que el hombre quiera buscarle cada vez más. Ese deseo tienes que tenerlo porque, si no, nunca podrás alcanzar la vida plena de Dios.

El hombre pierde su vida, no cuando aspira a algo más, sino cuando siente que le han robado y que le falta algo. No podemos confundir el querer algo más con sentir que te falta algo. Todo el que piensa que le falta algo está buscando quién se lo robó. No es lo mismo estar agradecido por tener todo lo que tienes, y aspirar a algo más, que tener mucho y tener una conciencia de que te falta algo y que alguien te lo robó. El problema es que nunca encuentras quién fue el que te lo robó. El problema de la sociedad no es lo que tiene, sino el sentimiento de que le falta algo; piensa que alguien lo robó, y se acusa a la persona incorrecta. Cuando vives así, tu vida es amargada, llena de frustración y desesperación. Cuando tienes que entender que lo más grande de tu vida no es lo que posees, sino a quien conoces. Lo más grande que puedes tener es la revelación que te lleva a una relación con Aquel que te transformó y dio su vida en la cruz del Calvario por ti. No tienes que esperar a llegar al cielo para poder experimentar el poder de la vida eterna, sino que, estando en la Tierra, puedes vivir, hoy, la eternidad. Puedes extender tu mente más allá de todas tus limitaciones.

Es lamentable cuando en tus pensamientos lo que existe es la idea de que alguien te robó. Una cosa es tener el pensamiento de que alguien te robó, y otra muy diferente es aspirar a más. Dios te dice que quiere que vayas de gloria en gloria. Dios te va a dar la victoria, y vas a ir por más. Aunque vengan los problemas, y pase lo que pase, tienes que seguir trabajando en tu fe.

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