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lunes, 3 de julio de 2017

Levántate y anda…

Pedro dijo (al hombre cojo de nacimiento): No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó… se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.Hechos 3:6-8


Este es el título de una novela del escritor francés Hervé Bazin. La heroína lucha desesperadamente contra su parálisis. Por su valentía se descubre a sí misma y se impone a los demás. Desgraciadamente sus esfuerzos son vanos, pues la novela termina con su muerte. Este libro muestra una imagen de la vida humana en nuestro mundo sin Dios, y por ello sin esperanza. Por mucho que luchemos, que nos esforcemos, ¡todo parece estar condenado al fracaso!
Muchos lectores de Bazin quizás ignoren que el título de su libro fue sacado de un pasaje de la Biblia. Pero a diferencia de este personaje, el hombre paralítico a quien Pedro dirigió esta frase, creyó y fue curado. Después entró en el templo saltando de alegría y alabando a Dios.


El hecho de ser cristiano no garantiza la curación del cuerpo, como afirman algunos, pero da la salvación del alma. No todos estamos enfermos en nuestro cuerpo, pero todos tenemos que ser curados de ese mal que nos carcome y que la Biblia llama pecado. Se manifiesta bajo diferentes formas: envidia, odio, codicia, mentira, avaricia… Nos vuelve esclavos, nos paraliza y nos deforma.
Pero cuando vamos a Jesús con fe, Dios nos perdona y nos libera; cura nuestra alma. Entonces, conscientes de su bondad y amor, la alabanza surge espontáneamente de nuestro corazón. ¡Nos levantamos con una vida nueva y caminamos con Jesús!

1 Reyes 8:1-30 – Marcos 10:1-31 – Salmo 55:16-23 – Proverbios 15:7-8

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