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lunes, 3 de julio de 2017

JOSÉ Y SANSÓN

«El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna».Gálatas 6: 8, NBD.

POCAS TENTACIONES SON más peligrosas y fatales para los jóvenes que la sensualidad; y ninguna, si la voluntad sucumbe a ella, demuestra ser más decididamente causa de ruina para el cuerpo y para el alma, tanto para el presente como para la eternidad. El bienestar de su futuro eterno estaba en juego, y ahora dependía de la decisión de un momento.


José dirigió con toda calma sus ojos hacia el cielo en procura de ayuda, se desprendió de su túnica, dejándola en manos de su tentadora, y mientras sus ojos se iluminaban con resolución decidida en lugar de la pasión impura, exclamó: «¿Cómo, pues, haría yo este gran mal, y pecaría contra Dios?» (Gén. 39: 9). Ganó la victoria; huyó de su tentadora; y se salvó.— Carta 3, 1879 (Comentario bólico adventista


Sansón frente al peligro tenía a su alcance la misma fuente de poder que José. Podía elegir el bien o el mal; pero en lugar de aferrarse de la fortaleza de Dios, permitió que las malas pasiones de su naturaleza obtuvieran el dominio. Las facultades de raciocinio fueron pervertidas; la moral se corrompió. […]José era un ente moral libre.[…] Podía elegir la senda de la pureza, la santidad y el honor, o la senda de la inmoralidad y la degradación. Eligió el camino correcto, y Dios lo aprobó.


Sansón, bajo una tentación similar, que él mismo había provocado, dio rienda suelta a la pasión. Descubrió que la senda por la cual había entrado terminaba en vergüenza, desastre y muerte. ¡Qué contraste con la historia de José!. 


Mediante principios firmes y una confianza inquebrantable en Dios, puede resplandecer la virtud y la nobleza de carácter, y aunque rodeado por el mal, ninguna, mancha necesita quedar sobre la virtud e integridad del cristiano.

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