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sábado, 1 de julio de 2017

CON TUS IMPERFECCIONES

Cuando miras lo que Jesús vino hacer al mundo, fue a eliminar esa separación que había entre Dios y el hombre, para que el hombre pudiera ir delante de la presencia de Dios, a pesar de su humanidad. Algo poderoso que tienes que entender es que, cuando Dios le pidió a Moisés que hiciera el tabernáculo, le dijo que lo hiciera en tres dimensiones: Los atrios, el lugar santo, y el lugar santísimo. Dios lo hizo en tres espacios para que el hombre siempre quisiera desear más. Si alguien se estaba gozando en los atrios, tenía que pensar que en el lugar santo tenía que estar mucho mejor. Pensaría qué tenía que hacer para cruzar esa cortina y entrar en otro nivel. Ya entando en el lugar santo, se daría cuenta de que era maravilloso, se preguntaría qué habría en el lugar santísimo, y aspiraría a entrar. 


Cada vez que cruzas de una cámara a otra, hay un requisito mayor; el hombre tenía que limpiarse y sacrificar para poder entrar. El sumo sacerdote tenía que presentar sangre en aquel lugar para tener acceso, y eso es lo que representa la sangre de Cristo en ti. David decía, en los salmos, que prefería un día en los atrios, que mil fuera de ellos; si la experiencia en los atrios era tan maravillosa que prefería estar un día en ellos que mil fuera, cuánto más maravilloso sería estar en el lugar santísimo. El problema de la iglesia de hoy es que le gusta solamente los atrios, solo le gusta la celebración y la música, pero en el lugar santo, y el lugar santísimo es otro nivel, es otra cosa. Al lugar santísimo solo se entra con confianza de que tienes acceso al trono de la gracia, por lo que Cristo hizo por ti. 


Cuando Jesús vino, rompió el velo que nos privaba del acceso al lugar santísimo. Eso no quiere decir que todo el mundo lo alcanza, porque aunque ya no hay tres velos que nos separan, no todo el mundo aspira a entrar en esa dimensión. Por eso, en tu relación con Dios, siempre tienes que pensar que hay algo más grande. Ya no hay nada que te impida entrar en esa dimensión. No tienes que esperar a que alguien entre por ti, porque ahora puedes ir tú directamente. ¿Estás dispuesto a caminar un poco más profundo? Lo que pasa es que piensas que eres muy humano, que estás mal, que no te estás portando bien. Pero lo que tienes que hacer es buscar a Aquel que te va a dar vida, a pesar de que no te estés portando bien, porque con Él es con el único que tienes acceso al lugar santísimo. Como cristiano, debes tener la aspiración a tener más, y hoy tienes la libertad para alcanzarlo. 


“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.” Mateo 13:44 


No puedes obtener el tesoro, si no compras el campo; y, si le dices a la gente el tesoro que está en ese campo, no te lo venden. Pero, si el tesoro está escondido, y lo quieres, no vale solo comprar el tesoro, tienes que comprar el campo. Y tú nunca podrás comprar el tesoro que hay dentro de ti, hasta que no compres el campo en el que está. El problema de muchos es que no se aman tanto como Dios los ama. Cuando Cristo murió por ti, él no compró el tesoro, él compró el campo, para entonces tener el tesoro. El problema es que nosotros queremos el tesoro, sin el campo; por eso es que muchos matrimonios fracasan. Muchos se enamoran del tesoro, pero no quien comprar el campo. ¿Cuánto das por ti mismo? ¿Cuán valioso es para ti tu cuerpo? ¿Realmente aprecias tus emociones y tu carácter? 
Probablemente, cuando te miras, lo primero que ves son tus defectos y todo lo que cambiarías. Si tú mismo no te compras, no puedes pensar que alguien lo hará. Lo importante de esta historia es que, Aquel que quiere el tesoro está dispuesto a comprar el campo, y vende todo lo que tiene para comprarlo. Lo grande de nuestro Señor Jesucristo es que él vendió todo lo que tenía, dejó todo lo que él era, sabiendo el tesoro que hay dentro de ti. Seguramente, quieres que los demás vean el potencial que hay dentro ti, pero nunca has visto lo valioso de donde está el potencial. Con tus defectos, problemas y situaciones, tienes que aprender a disfrutar de quien eres realmente. Eso no significa que no hay cosas que cambiar y mejorar, pero tienes que aprender a verte como Dios te ve, como su imagen y semejanza. El problema del pueblo de Israel es que nunca se vieron como Dios los veía, Dios les decía que eran linaje escogido, un tesoro especial, pero ellos querían ser como los demás pueblos. 


Aun con tus imperfecciones y problemas, sigues siendo valioso para Dios. Quizás no vales para los religiosos ni para el mundo, pero Dios no pagó el precio solo por tu tesoro, Él pagó el precio por el campo. Dios pagó el precio por aquello que nadie pensaba que tenía valor, porque Él sabía lo que estaba comprando. Por eso, compra tu campo, compra tu mente y cuerpo, compra tu vida, no entregues eso tan valioso a cualquiera. Entrégale todo a Dios, que fue quien pagó el precio. Con lo que tienes hoy, Dios puede hacer algo grande y maravilloso.

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