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sábado, 3 de junio de 2017

Un extraño calor en el corazón

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).


“En la noche [del 24 de mayo de 1738] me dirigí sin mucho entusiasmo a Aldersgate Street, donde alguien estaba leyendo el prefacio de Lutero a la Epístola a los Romanos. Cerca de las nueve menos cuarto, mientras él estaba describiendo el cambio que Dios obra en el corazón por medio de la fe en Cristo, sentí calentarse mi corazón de un modo extraño”. Con estas palabras, John Wesley describió su experiencia de conversión. Más tarde, Wesley sería el cofundador del Metodismo, uno de los movimientos evangélicos que más impactaron Inglaterra y, principalmente, los Estados Unidos durante el Segundo Gran Reavivamiento.


Elena G. de White, cofundadora de la Iglesia Adventista del Séptimo día, perteneció a la Iglesia Metodista en su niñez, y sentía un profundo respeto por John Wesley y su hermano Charles. Así es como ella describe la experiencia de conversión de John Wesley en el libro El conflicto de los Siglos:


“En una reunión de la sociedad morava, en Londres, se leyó una declaración de Lutero que describía el cambio que obra el Espíritu de Dios en el corazón del creyente. Al escucharlo Wesley, se encendió la fe en su alma. ‘Sentí calentarse mi corazón de un modo extraño. Sentí que confiaba en Cristo y en Cristo solo, para mi salvación; y se me dio plena seguridad de que había quitado mis pecados (sí, los míos), y me había librado de la ley del pecado y de la muerte’.
“Durante largos años de esfuerzo fatigoso y penoso —años de abnegación, censuras y humillación rigurosos— Wesley había adherido firmemente a su único propósito de buscar a Dios.


Al fin lo halló; y encontró que la gracia que se había empeñado en ganar por medio de oraciones y ayunos, por medio de limosnas y sacrificios, era un don ‘sin dinero y sin precio’ ” 


Recuerdo el momento en que yo, Marcos, experimenté ese mismo “extraño calor” en mi corazón. Fue una experiencia sublime, al reconocer a Cristo como mi Salvador, y sentir el perdón de mis pecados y el deseo de vivir una nueva vida. Hoy, esa experiencia puede ser tuya, si tan solo te entregas completamente a Cristo.


"Es posible que alguien no sea capaz de determinar un momento y lugar exactos Para su conversión, o que no pueda, tal vez, señalar la sucesión de circunstancias que Io condujeron a ella, pero esto no indica que esa persona no se haya convertido.”

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