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sábado, 17 de junio de 2017

Tumba vacía

Lucas 24:4-6 dice: “Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea.” Versión Reina-Valera 1960
Los primeros 12 versículos del capítulo 24 del evangelio de Lucas, relatan la ocasión en la que María Magdalena y María la madre de Jacobo encontraron la tumba que quedó vacía tras la resurrección de Jesús. Ellas se habían acercado al sepulcro muy de mañana trayendo especias aromáticas pero hallaron la piedra removida de su lugar y cuando entraron a ver si el cuerpo continuaba allí, dos varones con vestiduras resplandecientes les hicieron una pregunta: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”

La vida y resurrección de Jesús marcó completamente a la humanidad, aún en nuestros días se sigue hablando de ese tremendo acontecimiento, no sólo por lo que provocó en su época, sino por lo que aún sigue causando en la vida de quienes llegan a experimentar personalmente el Poder que hay en ese sacrificio.

El impacto en una persona llega a ser tan profundo que puede provocarle un cambio radical en toda su esencia. La mente y el corazón son liberados para ver una realidad de pecado, de inmediato surge un grito desesperado por ser perdonado y restaurado. La conducta poco a poco cambia, la búsqueda por la santidad se vuelve una prioridad, se enciende un fuego apasionado en el corazón por conocer más de Dios, la vida empieza a tener sentido porque ya no se vive sin rumbo, sino con un propósito.


El que bebía deja de ir al bar, quien robaba ahora trabaja honradamente, el traidor ahora anhela ser fiel, el rencoroso perdona, el envidioso se alegra con los triunfos ajenos, el que veía pornografía por placer ahora lee la Biblia, el que sólo sabía decir groserías aprende a hablar palabras de amor, etc.
Cuán grande es la sorpresa de quienes conocen al nuevo integrante de la familia de Dios. Quizás se preguntan por qué ya no miente, no roba, no pelea, no se embriaga, no habla maldiciones, etc. ¿Qué fue lo que le pasó?


La mejor respuesta es la que hicieron los dos hombres con vestiduras resplandecientes de Lucas 24 en el sepulcro de Jesús: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado.”
Al cambiar de vida en Cristo somos resucitados juntamente con Él. La tumba está vacía al igual que todo lugar y actitud de pecado que antes caracterizaba al hombre redimido.


2 Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” Versión Reina-Valera 1960

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