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jueves, 29 de junio de 2017

TU HUMANIDAD NO TE LIMITA

”Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.” 1 Pedro 1:17-19

La Palabra nos dice que tiene que haber un momento en que nos desconectemos de la vana manera de vivir que aprendimos de nuestros padres. Tenemos que saber que, por más buenos que hayan sido los padres, ellos condicionan la vida de sus hijos basado en las experiencias que ellos han tenido. Tú tienes que honrar a tu familia y bendecirla, pero la verdad es que tiene que llegar un momento en que experimentes nuevas cosas. La salvación no se hereda, eso es algo que se experimenta por individual. Tú, como padre, puedes enseñarles los principios de Dios a tus hijos, pero en algún momento ellos tienen que experimentar por su cuenta el poder de la salvación; aun la enseñanza que les das a tus hijos se puede convertir en algo vano para sus vidas, porque no es lo que Dios quiere mostrarles a ellos. Tienes que tener la capacidad en tu interior de poder vivir más allá, tener tu propia experiencia, y vivir la vida satisfactoria que Dios quiere que tú vivas.

Una de las percepciones erróneas que se nos ha creado a través de la historia, tanto en la religión como en el mundo, es respecto al valor de nuestro cuerpo. Nunca podrás experimentar tu divinidad hasta que aceptes tu humanidad. Es la experiencia de ser humano la que te puede llevar a ser divino. Una de las peores cosas que ha hecho la religión es hacernos creer que el cuerpo no tiene valor y está lleno de pecado. Por ejemplo, el deseo sexual es parte de ser hombre o mujer, no es malo, es parte de tu humanidad; lo que tienes que pedir es dominio propio, y pedir tener verdadera autoestima para que sepas que eso no es todo en la vida; que sepas que, mientras tú domines el deseo, y no que el deseo te domine a ti, podrás en algún momento disfrutar de ello a la máxima expresión, y tener verdadera intimidad. Pero no es quitar el deseo, porque quitarlo sería pretender quitar lo que eres como humano, y quitar algo glorioso que Dios mismo puso dentro de ti.

Es como la persona que no quiere experimentar miedo en su vida, pero cómo puedes tú experimentar fe, si nunca tienes el contraste de tener miedo. Todos tenemos temor en algún momento dado, eso es lo que nos hace humanos. Tener sentimientos es parte de la experiencia humana; el mismo Jesús lloró, tuvo hambre, y disfrutó de su humanidad. Jesús rió, se molestó, él era todo humano y todo Dios, esa es la grandeza de Jesús. Y eso fue lo que cambió nuestra vida para siempre, porque nos enseñó que podíamos vivir lo divino en medio de nuestra sensibilidad humana. Pero, para que puedas vivir lo divino, tienes que apreciar tu parte humana. Jesús no vino a quitar tu humanidad, él vino a quitar la brecha que había entre Dios y el hombre, para que dentro de tu humanidad puedas experimentar una relación con Dios que te lleve al máximo.

Cuando Cristo murió por ti, él no vino a sacarte de tu carne; él vino a quitar el pecado que ata tu carne, para que puedas experimentar la relación con Dios. Jesús no vino para que dejes de ser humano, ni dejes de ser quien eres; lo que Dios quiere es usarte y sacar de ti lo que nadie espera. La gente siempre te va a limitar en tu condición humana, pero hay algo más grande cuando puedes entender el valor que Dios le ha dado a quien tú eres. Tienes que saber que él no vino a cambiar tu condición de humano, sino que debes aceptar tu humanidad y tu debilidad, para que te des cuenta de lo mucho que vales para Dios y que, a pesar de todas esas cosas, Cristo vino y murió por ti, y resucitó para darte vida, y dártela en abundancia. Él vino para que supieras que, en medio de tus limitaciones, hay algo grande que Dios puede hacer, y llevarte a un nivel más grande que nunca habías pensado, si sales de la vana manera de vivir.

David fue un hombre que pudo experimentar todas las cosas del Señor. David logró vivir dentro de la presencia de Dios; cuando él trajo el arca, no hizo recamaras, solo puso cuatro cortinas alrededor del arca, y allí estaba la presencia de Dios. La Biblia nos deja saber de los defectos y malas decisiones que tomó David para que veamos su humanidad, y también veamos lo que Dios hizo con él. No es que no quieras cambiar tu humanidad, es que tu humanidad no es límite para lo que Dios quiere hacer contigo.

Con esto tampoco debes pensar que puedes vivir en pecado y haciendo lo que quieras. La realidad es que la Palabra dice que todo te es lícito, pero no todo te conviene. Así que, deberías no pecar, no porque no puedas, sino porque no te conviene. Cuando aprendes lo que no te conviene, nadie tiene que obligarte a hacer o no hacer. Te das cuenta que, cuando puedes tomar autoridad de tu cuerpo, es cuando realmente estás vivo, y experimentas la vida de Dios en ti.

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