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lunes, 12 de junio de 2017

Transformado por su gloria

Lee Marcos 9.2-8


No está lejano el día cuando verás a Jesucristo cara a cara y serás transformado por su gloria. Sin embargo, la Biblia te dice: «Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor» (2 Corintios 3.18). Esto quiere decir que incluso en esta vida somos transformados al ver su gloria. A diferencia de los profetas o de los santos del Antiguo Testamento, tú puedes ver la gloria de Dios «a cara descubierta», con más claridad de lo que pudieron haberlo hecho las personas en el pasado.


Moisés vio la gloria de Dios pero solo parcialmente. El pueblo de Israel vio la gloria de Dios como un resplandor en la distancia. Moisés tenía que usar un velo sobre el rostro para que las personas no vieran la gloria de Dios directamente y recibieran daño. Pero ahora la gloria de Dios se ha revelado con claridad en el rostro de Jesucristo. Juan expresa: «(y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad» (Juan 1.14). Pablo dice más adelante que tú tienes «iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo» (2 Corintios 4.6).


Todos los atributos de Dios se nos revelan en el Antiguo Testamento, pero se revelan con mayor claridad en la persona viva de Jesucristo. La gloria —la revelación del verdadero carácter de Dios— brilla de manera más maravillosa en Cristo que en cualquier otro lugar. Así que estás aquí con el velo quitado, mirando directamente la gloria de Dios y todos sus atributos revelados en Cristo. Esa visión, ese conocimiento, te está transformando a su imagen, de un nivel de gloria al próximo, mientras el Espíritu Santo obra en tu vida.


Este pasaje bíblico no está hablándote de una glorificación futura sino de la santificación presente. Si contemplas la gloria de Dios revelada en el rostro de Jesucristo como se presenta en el Nuevo Testamento, ella te transformará. Es el Espíritu el que efectúa esa transformación.


Reflexión:
Jesucristo es la visión que me consume y me hace cada vez más semejante a Él.

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