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viernes, 2 de junio de 2017

Tiene un precio

Lee Lucas 14.24-30


La realidad es que el hombre cree ser el amo de su propia alma, el capitán de su propia fe, el monarca de su propio mundo y el rey de su vida. Dile a alguien que tiene que morir a sí mismo, negarse a sí mismo, y es muy difícil que lo acepte. Si predicas un evangelio que no incluya esta verdad las personas lo aceptarán sin dificultad y por millares. Pero comienza a predicar el verdadero evangelio que llama a la negación propia, total y absoluta, al reconocimiento de que el hombre sin Cristo no tiene nada por lo cual es digno, nada por lo que pueda ser alabado y nada que pueda hacer por sí mismo para ser salvo y verás que pocos se interesan. Por doquier vemos que hoy, más y más, se predica y se enseña un evangelio motivacional, centrado en el hombre y sus posibilidades, y no en Cristo y su suficiencia.


Estar dispuesto a matar todo lo que eres —tus esperanzas, tus sueños y tus ambiciones— por causa de la perla de gran precio, por causa de Cristo, no es fácil. Es difícil encontrar que se predique esta verdad y es aún más difícil, una vez que la has escuchado, someterte a ella porque el hombre se adora a sí mismo. Él es su propio Dios.


Necesitamos decirles a las personas que no vengan a Cristo para sentirse bien acerca de ellos mismo, para sentirse realizadas. Jesús no es mi sirviente. El Señor quiere que esté dispuesto a decir: «Yo abandonaré todo lo que creo que necesito por la causa de Cristo».


Si vienes a Cristo tienes que tomar en cuenta el costo. Tienes que hacerlo así antes de pretender venir a Cristo. ¿Entiendes que hay un precio que pagar? Sabes que el precio es aborrecer a tu padre y a tu madre si es necesario, aborrecer tu propia vida y cargar tu cruz cada día. Ese es el precio. No hay nada en el mundo que valores lo bastante como para perder a Cristo.


Jesús afirma en Lucas 14.33: «Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo». Tienes que estar dispuesto a abandonarlo todo. No vas a ser salvo por deshacerte de tus lastres terrenales, pero tienes que estar dispuesto a dejarlo todo. Esa es la medida de tu devoción a la causa de Cristo. Tendrás que negarte a ti mismo todos tus deseos mundanos, tendrás que negarte a tu derecho a la vida y entregarás tu vida si es necesario por la causa de Jesucristo. También te someterás a su voluntad, siguiéndole dondequiera te pida el Señor.


Reflexión:


Estoy dispuesto a abandonarlo todo por Jesucristo.

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