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lunes, 12 de junio de 2017

SÉ UN BUEN SAMARITANO

En Lucas 10, un intérprete de la ley le pregunta a Jesús, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? (v.25) A lo que Jesús contesta con otra pregunta: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? (v.26) El intérprete le contesta que debe amar a Dios con todo su ser, y a su prójimo como a sí mismo. Entonces, Jesús le dice que eso es lo que debe hacer para heredar la vida eterna. Jesús no era tonto, sabía que todo lo que aquel hombre quería era acusarlo a base de su respuesta, por eso responde su pregunta con otra pregunta. Cristo no tenía que pelear con la gente y tratar de convencerlos, Él no iba a perder tiempo, por eso hizo que aquel hombre contestara su propia pregunta.

“Mas él, queriéndose justificar a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; 34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.” Lucas 10:29-34

Tres personas pasaron por el lugar en donde se encontraba aquel hombre mal herido, y solo uno de ellos fue movido a misericordia. La gente que mira a los demás con compasión, cuando ve la mala condición de alguien a su alrededor, se mueve a misericordia. Aquel que no tiene compasión, puede ver al necesitado y, como si nada, pasa de largo. El ver la falta de alguien te responsabiliza de su condición, pero lo que demuestra si tienes compasión o no, es tu reacción a lo que has visto.
Esta historia, Jesús la cuenta para enseñar sobre cómo debe vivir el hombre en la tierra para heredar la vida eterna, y no únicamente para hablar de benevolencia. Las acciones de este buen samaritano muestran su compasión al haberse movido a misericordia; aquello no fue simplemente benevolencia. La benevolencia se puede mostrar en un acto de un día o en un momento. La misericordia y compasión se demuestran cuando se toma el tiempo, el esfuerzo necesario para cuidar de alguien y sanar sus heridas. Y todo hijo de Dios ha sido llamado a ser compasivo y misericordioso.

¿Cómo se aplica esta historia a la actualidad? ¿Cuánta gente vez en tu trabajo, en la calle, que están siendo despojados? Gente que están perdiendo su familia, sus hijos, gente que están perdiendo todas sus cosas. ¿Cuánta gente has visto y por cuántos te has movido a misericordia? ¿Te has tomado el tiempo para atenderlos? El samaritano llevó a aquel hombre a un mesón para continuar su cuidado, pero antes, le dio primeros auxilios. De la misma manera, antes de traer a alguien al mesón, a la iglesia, a ti te toca darle los primeros auxilios, curar sus heridas para que no se infecten, te toca bajarte de tu cabalgadura, ponerlos en ella y caminar a su lado. Luego de que te hayas tomado el tiempo para trabajar con ellos, entonces, los traes a la iglesia, donde se continuará la obra que tú comenzaste.

Con tus diezmos y tus ofrendas, das a la iglesia lo necesario para que en ella puedan cuidar de cada persona que ha sido atropellada por los ladrones. Le das a la iglesia lo necesario para permanecer abierta por largo tiempo, para que puedas traer a las personas a ser atendidas y tú puedas seguir tu camino. Para un buen samaritano, para un hijo de Dios, no hay nada más importante en el momento en que es movido a misericordia que sanar a esa persona para que, en algún momento, pueda regresar al camino y completarlo.

Afuera, hay muchos que necesitan de un samaritano que tome un momento para que, con las palabras correctas, le pueda sanar. ¿Conoces a alguien que tenga el corazón herido e infectado? Si no, mira los comentarios de la gente en las redes sociales, las barbaridades que ponen te muestran que tienen el corazón totalmente dañado. Hace falta que alguien se pare en el camino para darles la ayuda que necesitan. Tú fuiste llamado para ver al necesitado con compasión, y que tu prioridad sea siempre suplir la necesidad y sanar el sufrimiento de alguien. Aunque tengas que desviarte por un momento de tu camino, recuerda que una vez tú necesitaste que alguien se detuviera a darte primeros auxilios, y Dios puso al que menos esperabas, te cuidó hasta que pudiste ponerte sobre tus pies. Así mismo, procura tú también hacer lo mismo por otros, que puedas pagar para que reciban cuidado extendido y tú puedas seguir tu camino.

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