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jueves, 8 de junio de 2017

REFLEJA LA LUZ DE DIOS

Uno de los problemas de muchos cristianos es que tienen un corazón endurecido y han perdido la sensibilidad por las almas. Una de las cosas más lamentables es que hay personas que no dejan salir de su boca ni una sola palabra para hablarles del Señor a otros. Si estás aquí hoy, es porque alguien tomó de su esfuerzo para hablarte del Señor y sembrar una Palabra en tu vida. Lo menos que debes hacer es corresponderles a otros con esa misma gracia que tú recibiste de alguien. El Señor dijo: Te bendeciré, y tú serás bendición; no puedes vivir queriendo ser bendecido, y no ponerte en la posición de servir en algo y bendecir a otros con lo que recibiste por gracia.

“Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.” 1 Juan 1:5:10

Esta porción nos muestra que Dios es luz, y nos muestra que nosotros hemos sido llamados a andar en la luz. La ciencia explica la luz como ondas electromagnéticas, que se distingue, entre otras cosas, por su velocidad. La luz se traslada con una rapidez que los humanos no pueden asimilar. La luz viaja a través de todas las ondas de radio, micro-ondas. La luz no hace distinción entre las demás ondas, así mismo como Dios no hace distinción de persona. Eso nos enseña que Dios puede trabajar tanto en los que están en la onda correcta, como en los que están en la onda incorrecta.

La luz tiene la cualidad de reflejarse únicamente cuando se encuentra con una superficie. Tú eres la superficie sobre la cual la luz tiene que detenerse para que pueda reflejarse y verse. Dios, siendo omnipresente y omnisciente, te creó para que pudieras reflejar su luz, y todas las cualidades de sí mismo. Hace falta algo que contenga las cosas buenas; tú eres esa superficie sobre la cual la luz de Dios se va a reflejar.

Tienes que aprender el poder de la compasión, porque nuestro Dios quiere lo mejor para todos sus hijos, los quiere a todos prósperos y a ninguno enfermo. Dios necesita que seas el recipiente de su luz, para que puedas enseñarle a otros el Señor maravilloso al que le sirves. Ora todos los días a Dios, diciéndole que te bendiga para poder bendecir a otros, que te dé la oportunidad de levantar al caído. Dios quiere recordarte que tú has sido llamado a reflejar su luz; eres tú la superficie en la cual el amor y la misericordia de Dios se van a reflejar.

La luz no se refleja en todo tipo de superficie, tiene que ser opaca y apta para recibir esa luz. Hay superficies translucidas, por la cuales pasa la luz, pero no se refleja. Hay otras superficies transparentes, por la cuales la luz pasa sin ninguna dificultad, pero tampoco refleja. No seas una persona por la cual la luz pasa y no se refleja. A dondequiera que vayas, que la gente, con solo mirarte, vea que hay algo diferente en ti.

Estos versos nos enseñan a practicar la verdad, no solo tenemos que reflejar la luz de Dios. La verdad habla sobre autenticidad y veracidad, de las cosas que son ciertas. La Biblia nos habla muchísimo de la verdad; por ejemplo, nos dice que Dios es el Padre de la verdad, nos dice que Jesús estaba lleno de la verdad de Dios, y nos dice que el mismo Jesús es la verdad. Dios nos pide que vivamos en la verdad, y esta es absoluta. No hay verdades objetivas, ni universales, relativa o pragmática. Tiene que llegar un momento en tu vida donde puedas reconocer aquellas cosas que son verdad.

La verdad es objetiva y no puede estar decorada con tus intenciones. Si hiciste mal, es tu responsabilidad, y tienes que aprender a vivir en la verdad. Muchas veces, la gente utiliza medias verdades para excusar sus intenciones y pensamientos. También repetimos mentiras que otros han dicho como si fueran verdad. Tienes que aprender a procurar que, de tus labios, solo salga la verdad; si no sabes respecto a algo, no lo digas como si lo supieras.

Dios es luz y es verdad; Él te ha llamado para reflejar su luz a todo aquel que este a tu alrededor. Cambia tu estilo de hablar y proyectarte, aprende a decir y vivir la verdad. Sé tú, hoy, esa superficie en la que la luz de Dios se refleje, para que alumbre a todos. Cuando los hijos dicen la verdad, los premiamos; así mismo, tu Padre Celestial te premia cuando vives en su luz y su verdad. Cuando entiendes estas cosas, Dios lleva tu vida a otro nivel.

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