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miércoles, 14 de junio de 2017

NO SEAS INSENSIBLE

En estos tiempos de redes sociales, ha mermado la compasión. Hay quienes comparten sus problemas en las redes, y otros reaccionan dándole “like” o “me gusta”, y con esto piensan que ya se identificaron contigo y resolvieron el problema, ya cumplieron. Pero la realidad es que, con eso, no hacemos absolutamente nada.

En las redes sociales, te expones, y el mundo ve lo que está pasando contigo; pero no necesariamente al tú ver lo que está pasando con tus amigos, reaccionas correctamente. Lamentablemente, la compasión, la base de todo lo que hacemos para el Señor, se ha perdido. Vivimos pendientes a nuestros intereses y necesidades, al punto que, aun servir a Dios, es algo que hacemos si Él resuelve nuestros problemas como y cuando queremos, olvidando que el problema más grande que pudo resolver, lo resolvió dos mil años atrás. Y, entonces, no vivimos en compasión.

Hay que establecer un balance entre ser compasivo y seguir viviendo en la verdad. Hay para quienes ser compasivos es aceptarles su inmoralidad; pero eso no es compasión. La iglesia tiene que ser compasiva, pero sabiendo que hay unas cosas que están bien, y otras que están mal. Ahora bien, el hecho de que haya cosas que estén mal, tampoco debe volvernos insensibles al dolor de otros. Y a veces la iglesia falla en demostrar la verdad, con la sensibilidad suficiente de diferir, pero sin dejar de lado que el amor de Dios es más grande, cubre multitud de pecados y puede cambiar la vida de una persona.

Con la verdad en tu mano, y con compasión, verás la verdadera transformación en la sociedad.
“34 Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.” Marcos 6:30

Jesús tuvo compasión de la multitud, porque los vio como ovejas que no tenían pastor. No se compadeció, en ese momento, por la necesidad que tuviera la multitud. Hubo otras ocasiones en las que Jesús se compadeció de algún enfermo, los leprosos, por ejemplo, y los sanó; se movió por compasión e hizo el milagro que ellos necesitaban. Pero la finalidad de la compasión de Jesús no era únicamente suplir una necesidad particular; eso era secundario. Y es que muchos confunden benevolencia con compasión.

Todos tenemos que ser benevolentes, tenemos que ayudar al necesitado; pero compasión va más allá, es identificarnos con la condición de otro. Compasión es tener el deseo y tomar la acción de quitar el sufrimiento de la vida de una persona. Benevolencia te quita la necesidad, proveyendo para cubrirla, pero no te quita el sufrimiento, que es peor que la necesidad.

Cuando Jesús vio la gente, entre los enfermos y el hambre, él vio más profundo; vio que no tenían pastor, alguien que los guíe, los dirija, los lleve por el camino correcto, que vaya a la raíz del problema y lo solucione. Y Jesús comenzó a enseñarles, porque lo que elimina el sufrimiento de tu vida no es un milagro, sino traer a tu corazón la revelación de Aquel que sufrió por ti en la cruz del Calvario, para que tú no tengas que sufrir ni un día más.

Muchos, sí tienen qué comer, son prósperos, pero provocan más compasión que otros que no tienen, porque la compasión no tiene que ver con la eliminación de un problema natural, sino con la raíz que hace que una persona viva desconectada. Hay gente que Dios les ha dado tanto, y todavía sufren; y eso lo que provoca es compasión. Esos son peores que los que no tienen, porque al que no tiene, tú le das, y resuelve algo, pero ¿qué tú le das a aquel que tiene, si va a seguir sufriendo? Aunque le des más, su sufrimiento viene de otro lugar; y eso solo lo puede sanar el Dios Todopoderoso, a través de la persona de Jesús.

Pídele a Dios que te dé un corazón sensible. Aprende a ponerte en el lugar de los demás.

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