Evangelismo

Ultimas fotos

jueves, 15 de junio de 2017

MUÉVETE A MISERICORDIA

“35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.” Lucas 10:35-37

Este samaritano tomó a un hombre que encontró mal herido en el camino y lo llevó a un mesón. En aquel mesón, continuó cuidando de él, después de haberle curado las heridas en el camino. El cuidado que el samaritano tuvo con aquel hombre no fue de solo un momento, ni tan siquiera de un día, sino que tomó tiempo. No se sabe cuánto tiempo estuvo con él en el mesón, pero sí sabemos que fue más de un día. Luego, cuando tiene que partir, deja dinero en aquel lugar para que cuiden de este hombre por largo tiempo.

Esta historia Jesús se la cuenta, en Lucas 10, a un intérprete que le preguntó qué debe hacer para heredar la vida eterna. Los principios que se muestran en esta historia tienen que ver con lo que otros te han quitado, la salvación, el cuidado y el dinero; todos estos son pieza clave en la recuperación en la vida de las personas. La recuperación de una persona que ha sido despojada por ladrones y agolpeada toma un tiempo, no sucede de un día para otro. Piensa en tu experiencia. En el camino, fuiste despojado de tu familia, tus hijos, trabajo, tu mente; y, cuando te presentaron a Jesús, no recuperaste todo lo perdido de un día para otro, sino que te invitaron a la iglesia, y allí, poco a poco, comenzaste a recibir el cuidado que necesitabas para recuperarte a ti y todo lo que habías perdido. El largo tiempo de tu estadía en la congregación lo que ha hecho es que te puedas levantar al lugar donde te has levantado en el día de hoy, y así debes hacer con el que te encuentres malherido en el camino. Tal vez pienses que no tienes el tiempo para cuidar de alguien pero Dios te va a prosperar de tal manera que tú también puedas pagar para que las personas tengan cuidado por largo tiempo y tú puedas seguir tu camino.
Lo que Dios te ha dado y lo que te dará no es tan solo tuyo, sino que es un vehículo de bendición para poder restaurar a otros, para que puedas demostrar verdadera compasión. Dios prospera, no a aquel que lo que tiene lo usa solamente para sí, más bien Él próspera al que sabe que lo que tiene es para ponerlo a disposición de otros, para cuidar, guardar y sanar.

Tienes la tarea de sanar el corazón de alguien. Para hacerlo, debes quitar todo odio, todo coraje de tu corazón, quitar toda excusa que no te permite amar a aquel que esta a tu alrededor y tener compasión.

Muchos se pasan buscando una excusa para no hacer algo por Dios, o para que alguien más sea el primero en que haga las cosas. Pero Dios le dijo al intérprete de Lucas 10: Lo que tienes que hacer es amar a Dios sobre todas las cosas, y amar a tu prójimo como a ti mismo. Buscando excusas para no tener que hacer lo que fue llamado a hacer, el intérprete le pregunta: ¿Quién es mi prójimo? Él no hizo aquella pregunta porque sinceramente quería saber, sino porque las palabras de Jesús le hicieron reflexionar en que no estaba cuidando de alguien.

Uno de los problemas más grandes que tiene la sociedad, y aun la iglesia, es que reacciona por condiciones: Te amo, si me amas; te quiero, si me quieres; te ayudo, si me ayudas; te sirvo, si estás conmigo, si no, no. Tiene que haber un momento en donde, lo que Dios te dio, lo que ha puesto en tu vida, lo hagas y lo des a todo el que encuentres en el camino. Dios te mueve a misericordia, a través de la compasión, para que pongas los recursos que Él te ha dado para rescatar y sacar a tu prójimo del lugar en el que se encuentra.

Hoy, ama sin excusa, con compasión; agradece a aquel que te dio la mano. Pídele a Dios que tú también puedas ser esa persona compasiva. Cuida a todo aquel que el Señor te ponga en el camino; bájate de tu cabalgadura, sana sus heridas, móntalo en tu cabalgadura, camina con él y llévalo al mesón. Paga para que lo cuiden, haz lo que tengas que hacer para restaurarlos y ponerlos en el camino, sin excusa, no importa la raza, el color, lo que cree o no cree; si Dios te mueve a misericordia, no busques una excusa más.

Dios te prospera cuando eres capaz de no dañar su corazón y sabes que lo único que te puede sostener es el poder del amor de Dios en tu vida. Dios quiere poner en ti una nueva perspectiva para que, cuando salgas y veas a la gente en el camino por lugares difíciles, puedas cuidar de ellos. Esa es la razón por la cual Dios quiere prosperarte. Mueve tu corazón a la compasión genuina y serás prosperado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario