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jueves, 15 de junio de 2017

Hechos 23

23 Entonces Pablo, mirando fijamente al Concilio, dijo:
—Hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy.
2 El sumo sacerdote Ananías ordenó entonces a los que estaban junto a él que lo golpearan en la boca.
3 Entonces Pablo le dijo:
—¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada! ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la Ley, y quebrantando la Ley me mandas golpear?
4 Los que estaban presentes dijeron:
—¿Al Sumo sacerdote de Dios insultas?
5 Pablo dijo:
—No sabía, hermanos, que fuera el Sumo sacerdote, pues escrito está: “No maldecirás a un príncipe de tu pueblo.”
6 Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el Concilio:
—Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga.
7 Cuando dijo esto, se produjo discusión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió, 8 porque los saduceos dicen que no hay resurrección ni ángel ni espíritu; pero los fariseos afirman que sí existen. 9 Entonces hubo un gran vocerío y, levantándose los escribas de la parte de los fariseos, discutían diciendo:
—Ningún mal hallamos en este hombre; que si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios.
10 Como la discusión era cada vez más fuerte, el comandante, temiendo que Pablo fuera despedazado por ellos, mandó que bajaran soldados, lo arrebataran de en medio de ellos y lo llevaran a la fortaleza.
11 A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: «Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma.»

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