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jueves, 29 de junio de 2017

En un tiempo preciso

A la reina Ester se le pidió que hiciera algo muy difícil para ayudar a liberar a su pueblo. Lo más probable es que no tuviera deseos de estar en la situación desafiante en que Dios la había puesto. Probablemente, no quisiera esa responsabilidad, ni deseara correr el riesgo de daño personal que sabía que podría acontecerle. Ester era una joven doncella con toda su vida por delante. Dejando atrás sus sueños, se le solicitó que siguiera las instrucciones del Señor que parecían muy peligrosas. Ester iba a ir ante el rey para poner al descubierto el malvado complot que había sido tramado contra los judíos. A nadie se le permitía presentarse ante el rey a menos que fuera invitado, ni siquiera a la reina. Ester sabía que, a menos que Dios le diera favor, la matarían (vea Ester 4:16). Yo diría que Ester se jugó el todo por el todo para obedecer la voluntad de Dios.
Mardoqueo, que le estaba hablando a Ester de parte de Dios, le dijo que no debía guardar silencio. Si lo hacía, el pueblo perecería. Le recordó que quizás había sido llamada al reino precisamente para la misión que tenía por delante.


Usted también puede estar vivo hoy para cumplir los propósitos de Dios en su generación. El tiempo y lugar de su nacimiento no son accidentales; Dios nos coloca a todos a propósito en lugares específicos, en determinados marcos de tiempo y espacio. Muchas personas pasan sus vidas enteras sin saber nunca cuál es el propósito de su vida, pero quizás sea porque tratan de escoger su propio destino, en vez de seguir la dirección del Espíritu Santo. Seguir a Dios requiere sacrificio y estar dispuesto a estar incómodo. Ester llegó al punto de estar dispuesta a dejar de lado sus propios pensamientos, planes e ideas. Estaba dispuesta aún a morir si fuera necesario para obedecer a Dios.


Gracias al sacrificio de Ester y su valiente paso de fe, Dios la usó para salvar una nación. Fue más bendecida dentro de la voluntad de Dios de lo que podría haber sido de cualquier otra manera. La voluntad de Dios no siempre es fácil, pero siempre vale la pena de cualquier sacrificio que requiera.

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