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miércoles, 14 de junio de 2017

Elige La Voz de Dios

“11 Y aconteció que cuando todos los que le conocían antes vieron que profetizaba con los profetas, el pueblo decía el uno al otro: ¿Qué le ha sucedido al hijo de Cis? ¿Saúl también entre los profetas? 12 Y alguno de allí respondió diciendo: ¿Y quién es el padre de ellos? Por esta causa se hizo proverbio: ¿También Saúl entre los profetas? 13 Y cesó de profetizar, y llegó al lugar alto.” 1 Samuel 10:11-13


Cuando Saúl comenzó a escuchar los comentarios de la gente, dejó de hacer lo que Dios, a través del profeta Samuel, le dijo que hiciera. Esto le llevó a querer agradar más a la gente, que hacer lo que él tenía que hacer. La gente comenzó a decir: “Pero, ¿este no es el mismo? Está hablando diferente; ¿qué hace Saúl allí, con los profetas?” Saúl había comenzado a hablar como los profetas porque había despertado e iba en camino hacia una transformación.


El hecho de que la gente a tu alrededor no pueda entender que Dios está transformando tu vida, no te debe hacer renunciar a todo lo que Dios quiere que tú seas. Para la gente que te conoce, siempre seguirás siendo el mismo que ellos han conocido, aunque decidas ser mejor. Pero, cuando decides que solo vas a ser el hombre y la mujer que Dios quiere que seas, entonces haces cosas diferentes de las que siempre has hecho, para que Dios pueda hacer contigo lo que siempre ha querido hacer contigo.


Un día tendrás que escoger entre complacer al mundo, continuar hablando con las voces que el mundo habla, o hablar lo que Dios ha dicho, lo que se ha despertado en tu corazón. No se le puede tener miedo absolutamente a nada. Lo que tienes que hacer es dejar que Dios haga de ti lo que tienes que ser, para que puedas hacer lo que tienes que hacer, con lo que la vida traiga para ti en este tiempo.


No importa lo que venga, lo que ocurra, lo que suceda, lo que eres, o lo que Dios quiere que seas, tienes que dejar que Él sea el que haga y no tú, ni el mundo. No le puedes tener miedo al futuro, lo que tienes que decir es: Señor, ¿qué es lo que tú quieres que yo sea? Y, cuando llegue el momento de ejercerlo, puedas hacerlo, porque Dios está contigo. Lo podrás hacer porque Él te habrá hecho un hombre nuevo, te habrá transformado en una nueva persona.


La clave se encuentra en esperar. Espera en las instrucciones de Dios; Él sabe lo que se tienes que hacer para llegar a transformarte. El problema más grande de la gente que se le despierta el corazón es que ya se creen que no necesitan que alguien les diga lo que tienen que hacer. Cuando se despierta tu corazón no significa que automáticamente eres el hombre o la mujer que Dios quiere que tú seas. Cuando se te despierta tu corazón, aún tienes que esperar por instrucciones. ¿Por qué razón? Porque no es tu fe la que te confirma como rey, es tu obediencia la que te establece como rey. El problema de Saúl fue que desobedeció.


Un líder no puede creer que se lo sabe todo. Un líder ungido, como lo fue Saúl, y aun en el día de hoy, no puede encerrarse en hacer lo que cree que tienen que hacer, simplemente porque fue ungido. Un líder es líder porque se atreve a oír opiniones, recibir consejos, recibir dirección. Cuando un líder recibe su llamado, ha sido ungido para ser quien debe ser pero aún no ha sido confirmado. Puedes haber sido ungido para ser rey, pero, como David, tal vez tienes que esperar varios años para ser confirmado a tu reinado.


Hoy, debes saber varias cosas. Primero, aprende a esperar. El hecho de que se despertó hoy en tú corazón quién eres y lo que debes hacer, no quiere decir que hoy tienes que hacer lo que quieres hacer. Espera a recibir la dirección de Dios; eres ungido, pero ahora tienes que esperar el momento en que seas confirmado. Deja que todo se vaya alineando poco a poco, deja que Dios te vaya enseñando. Segundo, aprende, se enseñable, entiende que hay gente que Dios ha asignado para tu vida, gente para enseñarte, para decirte, para hablarte. Siempre serás rey, pero nunca menosprecies a los profetas que Dios puso en tu vida para hablarte. Los problemas comienzan cuando se les da la espalda a los profetas. Por último, no escuches las voces de los que están a tu alrededor cuestionando la transformación que Dios está haciendo en ti. No renuncies a lo que Dios tiene para ti.


Para poder ser un buen líder, necesitas el poder y la dirección de Dios. Dios ya ha dicho quién eres, pero no para que tú comiences a hacer, sino para que primero tú seas, para que comiences tu transformación y te alinees con la mentalidad de quien Dios dijo que eres y así puedas hacer todo lo que Dios te diga que hagas. La pregunta es: ¿Te atreves a hacer? Para hacer, tienes que ser mudado, cambiado en otro hombre. No obtendrás el beneficio, sin la transformación. Sé transformado y permite que Dios te dé la instrucción de lo que debes hacer.

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