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miércoles, 3 de mayo de 2017

Soldado de Dios

Lee 1 Timoteo 6.11-13


Cuando recibimos a Cristo como Salvador y Señor, nos convertimos inmediatamente en soldados del ejército de Dios.
Seguimos al General que tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra (Mateo 28.18). Nuestro Jefe tiene autoridad sobre el diablo, el pecado, la muerte y el infierno.


Si eres seguidor de Jesucristo es imposible que seas neutral (Mateo 12.30). Como soldado de Dios no puedes depender de tu fuerza y experiencia. Tienes que depender para tu fortaleza en la batalla de la gracia de Dios (Juan 15.5). El Señor te pone en medio de maniobras difíciles para que descubras cuán débil eres. Paradójico, ¿verdad?


El primer paso para la victoria espiritual es que aceptes con sencillez lo que Dios dice de ti en su Palabra. Hecho esto, puedes comenzar a depender de la gracia de Dios.
Nuestro Dios es el “Dios de toda gracia” (1 Pedro 5.10). Él tiene toda la gracia que existe y toda la gracia que tú y yo necesitamos.
El diablo no quiere que dependas de la gracia de Dios. Quiere que dependas de ti mismo y de lo que puedes hacer con las armas de este mundo.
Sin embargo, nuestras armas son otras. Son la Biblia (Hechos 6.4) y la oración (Efesios 6.17-18).


El diablo no puede mantenerse firme ante la verdad de Dios. Mientras más conozcas tu Biblia, mejor conocerás al enemigo y sus estrategias. Desde Génesis capítulo 3 y hasta Apocalipsis capítulo 20, la Palabra de Dios te explica con claridad el carácter y las astucias del diablo. El soldado de Cristo no tiene que ser confundido.
La Biblia es un regalo de Dios para ti (Juan 17.14). El más grande regalo después de la vida eterna (Salmos 119.97-98).


Los soldados de Dios en las Escrituras, a pesar de sus errores, trataron de agradar solamente a Dios (1 Tesalonicenses 2.4). Ten cuidado que las cosas buenas puedan distraerte como soldado de Dios. Tienes que aprender a dejar las cosas buenas para seguir las mejores. Estás llamado a complacer a Cristo en cada motivo, en casa palabra, en cada acción. Recuerda que el soldado no elije lo que es seguro para él o lo que es popular para otros, decide lo que es correcto ante su General.


La vida cristiana no es fácil. Hay muchas batallas contra un enemigo taimado y poderoso. Pero Jesucristo ya lo venció y tú eres un soldado de Dios por fe.


Reflexión:

No peleo para vencer, la victoria ya está ganada (2 Corintios 2.14).

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