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sábado, 20 de mayo de 2017

SIN RENCORES NI RESENTIMIENTO.

«No respondía cuando lo insultaban ni amenazaba con vengarse cuando sufría. Dejaba su causa en manos de Dios, quien siempre juzga con justicia». 1 Pedro 2: 23, MT.

AMENUDO VEMOS QUE se nos ha tratado injustamente, y que se han hecho afirmaciones falsas de nosotros, y que se nos ha presentado desde un punto de vista negativo ante los demás. Cuando somos sometidos a prueba de ese modo hemos de mantener un estricto dominio sobre nuestra actitud y nuestras palabras. Necesitamos tener el amor de Cristo para no albergar resentimiento. No pensemos que a menos que los que nos han ofendido confiesen sus errores estaremos justificados si no los perdonamos.


No debiéramos acumular agravios, manteniéndolos en el corazón hasta que el que creemos nosotros que es el culpable humille su corazón mediante el arrepentimiento y la confesión.Por más dolorosamente que se nos haya herido, no debiéramos albergar resentimiento ni andar compadeciéndonos a nosotros mismos por causa de las ofensas que se nos hayan podido hacer; sino que, de la misma manera como esperamos que Dios perdone nuestras ofensas, así debemos perdonar a los que nos hayan agraviado. Jesús nos ha dado ejemplo para que sigamos sus pisadas, y manifestemos compasión, amor y buena voluntad hacia todos.


Cultivemos una actitud amable y tolerante, y un amor tierno y benevolente hacia aquellos que, bajo la tentación, hayan cometido contra nosotros errores agraviantes.En la medida de lo posible cerremos esas heridas, y cerremos la puerta de la tentación quitando toda barrera que se haya erigido entre quien haya actuado mal y nosotros.


El Señor se deleita en derramar sus bendiciones sobre aquellos que quieren honrarlo, que quieren reconocer su misericordia, que revelan que aprecian su amor hacia ellos manifestando las mismas características llenas de gracia a los que los rodean.

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