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sábado, 13 de mayo de 2017

SAL, EN OBEDIENCIA

Cuando miras la palabra del Señor, se muestra que todo el desarrollo del hombre tiene que ver con cuán capaz es de obedecer, y su respuesta hacia las órdenes divinas. El primer problema ocurrió en el Edén, cuando el hombre desobedeció el mandato de Dios. Al igual que Adán en el Edén, Abraham tiene que obedecer, saliendo de su tierra y de su parentela. Los resultados en la vida referentes a familia, conexión espiritual, mente interior, finanzas, y todo lo que se haga en la vida, va a depender y está íntimamente ligado a la capacidad que se tiene de obedecer, de reaccionar inmediatamente a la palabra de Dios.

Los hombres y las mujeres admirables de toda la palabra del Señor son aquellos que fueron capaces de reaccionar inmediatamente y obedecer la voz de Dios cada vez que Él pedía que hicieran algo. La religión y la iglesia han demandado de Dios que responda sus peticiones inmediatamente, cuando aún no tienen la capacidad de responder ellos mismos a lo que Dios pide. Muchas veces, cuando Dios responde una petición, lo hace en forma de instrucción; te dice: Haz esto, para que puedas recibir lo que estás pidiendo. Así que te tardas en obtener lo que quieres, y piensas que Dios no te lo quiere dar, porque Dios te ha contestado con una instrucción que aún no has respondido en acción.

La pregunta es: ¿Cuán rápido reaccionas a la palabra de Dios en tu vida? Cuando oyes la palabra de Dios, ¿qué pasa en tu interior? ¿Qué pasa en tu corazón? ¿Hay duda, hay temor; o eres capaz de posponer todos tus planes y reaccionar? Entiende que, en el momento en que obedeces su voz, es que verás las promesas de Dios manifestadas sobre tu vida.

“19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 28:19-20

Estos versos de Mateo 28 no son una sugerencia. Aquí no está diciendo: Quizás puedes hacerlo, o hazlo el día que tú quieras. Mateo 28 es una instrucción donde Jesús dice: Toda autoridad me ha sido dado en el cielo y en la tierra; ahora ve y haz discípulos.

Cada hombre y mujer de Dios de la Biblia, son el ejemplo que Dios nos da, y a través de los cuales nos enseña que, a pesar de sus debilidades, fueron capaces de obedecer a Dios. Aquellos que no obedecieron inmediatamente, aunque sufrieron grandes consecuencias, se ve cómo Dios ordena sus vidas nuevamente para volverlos a entrar en el camino hacia su propósito para ellos. Cuando reaccionas inmediatamente a su Palabra, a lo que Él te ha pedido que hagas, Él no te descarta; Él no es como el mundo, que te abandona. Dios, cuando se empeña en hacer algo con alguien, lo va a cumplir, y de alguna manera u otra te va a hacer entender que no tienes mejor opción que obedecerle a Él.

Todos los hombres de la Biblia fueron provocados en obediencia a comenzar un nuevo viaje en su vida. De la misma manera, la vida en Dios es una trayectoria que requiere que salgas de tu entorno, de lo que ya conoces, y que puedas empezar a caminar por lugares desconocidos.

Hay tres palabras que marcan toda la historia de la Biblia, y que debes recordar por el resto de tus días: Sal, sígueme, y ve –del verbo ir. Cuando Adán peca y se activa el proceso de redención, estas tres palabras son las que marcan el proceso del cumplimiento de la promesa de Cristo. Cuando Dios profetiza a Eva y le dice “de ti saldrá uno que le aplastará la cabeza al diablo”, Dios comienza a trabajar para que llegue esa generación, el linaje de Jesucristo, y esas tres palabras son las que marcan las diferentes etapas del plan de Dios. Cada una de esas palabras tiene una promesa amarrada a ella y establecen el proceso del desarrollo de la persona de Cristo y lo que se debe estar haciendo en el día de hoy. Estas tres palabras son también las que deben marcar tu vida, tras madurar en el Señor, para que puedas alcanzar todo lo que Él te ha prometido.

La palabra sal se ve en Génesis 12, donde Dios encuentra un hombre llamado Abraham, y lo primero que Dios le dice es “Sal de tu tierra y de tu parentela a la tierra que te voy a mostrar”. En otras palabras, Dios le dijo a Abraham: Comienza otro viaje para un nuevo lugar, obedéceme en esta hora, y atrévete a creer que hay más allá de aquello que tú conoces, de aquello que te han enseñado. Le dice sal de tus amistades, hasta de tu familia, de los dioses a los que tu familia sirve; obedéceme. Dios le dice a Abraham “sal y, dondequiera que tú vayas, yo te voy a bendecir; haré tu nombre grande, te voy a prosperar, de ti saldrán muchas naciones. Dios te dice “sal, porque hasta que no te muevas en obediencia, no recibirás la promesa que estás esperando.

Cuando sales, en obediencia a Dios, Dios te muestra el camino y, dondequiera que tú vayas, Él te va a bendecir.

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