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jueves, 11 de mayo de 2017

REFLEXIÓN – Madurá. Cambiá disputar por predicar.

“Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión diciendo ¿por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?” Hechos 11:2-3 (RVR)
Disputa


Para un judío de ley, era una afrenta entrar en la casa de un gentil. Mucho menos comer con uno de ellos. Incluso los samaritanos que eran medio hermano de los judíos eran despreciados por aquellos israelitas que mantenían la pureza de la raza. Era muy duro y discriminador. Y así se han mantenido durante siglos. Pero este problema cultural tan arraigado en ellos, se trasladó a la iglesia de Jesucristo.

La iglesia no es un ente que está ajeno a las realidades sociales de la cultura donde vive. De hecho está formada por personas que viven, sienten y piensan dentro de una sociedad. Negar esta realidad es querer tapar el sol con una mano. Es imposible. Cuando Pedro volvía de la casa de Cornelio, donde había predicado el Evangelio y se habían convertido un buen numero de gentiles, por primera vez en la historia de la iglesia primitiva, algunos judíos de Jerusalén lo criticaron.


Es notable, que el punto en discusión fue una actitud secundaria, y a propósito se olvidaron de lo más importante. Criticaron a Pedro por haber entrado a la casa de un gentil y por haber comido con ellos. Estaba mal visto por la cultura del momento, pero Pedro lo había hecho por mandato divino. Dios lo había mandado, aunque él no quería por el mismo preconcepto cultural, a predicarle a Cornelio.


Afortunadamente la Biblia, no esconde ninguna miseria de la historia del cristianismo. Y vemos como luego de explicarles el tema, estos criticones cambiaron su actitud y aceptaron la alternativa divina que los gentiles también debían ser salvos.


Hoy en día también discutimos por temas de forma y culturales. Nos convertimos en opinólogos de temas intrascendentes y defensores de posturas que no son tan importantes en si mismas. Y frente a la urgencia de predicar el evangelio y salvar a los que se pierden, desperdiciamos el tiempo y el esfuerzo en disputar sobre filosofías y formas que no conducen a nada.


Es tiempo de madurar como aquellos judíos de la iglesia primitiva, nos queda poco tiempo, porque Jesucristo vuelve pronto, y en lugar de estar hablando de temas que no suman, deberíamos estar predicando a la gente que nos rodea, a nuestros amigos y conocidos, a nuestros familiares que están condenados a una eternidad de sufrimiento.



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