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miércoles, 17 de mayo de 2017

REFLEXIÓN – La autoridad se gana.

“Y cuando él se lo permitió, Pablo estando en pie en las gradas hizo señal con la malo al pueblo. Y hecho gran silencio, habló en lengua hebrea diciendo:” Hechos 21:40 (RVR)
Autoridad


Ayer River le ganó a Boca 3 a 1 en la Bombonera, y la multitud de hinchas de River gritaron con locura los goles de su equipo. Tanta era la alegría que después del partido, esperaron a los jugadores en la cancha de River para seguir gritando por su equipo. No se podía parar la locura.


En el libro de Hechos, la situación era muy confusa. Pablo había ido a Jerusalén a visitar a los apostoles y a la iglesia, y subió al templo a adorar. En el templo había algunos judíos fariseos de Asía que habían estado persiguiendo a Pablo y tratando de matarlo sin éxito. Al verlo en el templo se indignaron y mintieron acusando a Pablo de cosas que no había hecho.


Pero la multitud no entiende de razones, así que cientos de hombres, comenzaron a golpear a Pablo sin saber por qué le pegaban. Hasta que interviene guardia romana y lo sacan como pueden de la enardecida multitud que gritaba y golpeaba cada vez más fuerte. Nadie entendía nada, gritos en hebreo, los soldados romanos hablando en latin, todos pegando patas. Pablo sangrando y sin ser escuchado. La locura sigue cada vez peor así que el tribuno decide llevar a Pablo en la fortaleza romana.


En la escalera de la fortaleza romana Pablo le pide al tribuno poder hablarle a la multitud, que abajo gritaba “que muera” cada vez más enardecida y demente. No había control. Era una tontería, porque jamás sería escuchado, pero se lo permitieron.


Así que Pablo se paró en la escalinata de la fortaleza romana y frente a los cientos o miles de judíos encolerizados que lo habían molido a palos recién, hasta hacerlo sangrar y que gritaban como locos por su muerte, Pablo levanta su mano y hace silencio. En las canchas de futbol se hace un minuto de silencio por una muerte y difícilmente se haga silencio, aunque hay parlantes y pantallas gigantes.


Este hombre golpeado levanta su mano y una multitud hace silencio. Gran silencio. Es porque Pablo tenía la autoridad de Dios. Dios se la había dado y él se la había ganado. ¡Que poderoso ejemplo para imitar en estos días que todos gritan y nadie se escucha! Poder tener la autoridad para hablar en silencio.



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