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miércoles, 10 de mayo de 2017

REFLEXIÓN – Dignifica bien tu tesoro, es supervalioso.

“Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros.” 2 Corintios 4:7 (NVI)


Tesoro


De chico me gustaba leer libros de piratas, como Sandokan y el Corsario Negro, donde la aventura y la acción siempre tenían como final conseguir el botín de un tesoro para los que arriesgaban su vida en conseguirlo. Me encantaba leer como aquellos hombres luego de sus batallas guardaban sus tesoros obtenidos en alguna isla perdida y hacían sus mapas para luego poder encontrarlos sin que nadie se los robe.


Pasaron muchos años y vivimos en la Argentina un momento de mucha inseguridad. Los ladrones están más activos que nunca y los robos están a la orden del día. Frente a esto, los argentinos nos volvimos especialistas en esconder nuestros pequeños ahorros, para que nadie nos los robe. Cada uno tiene su escondite preferido para guardar su tesoro, y cree que es el lugar más original donde ningún ladrón va a buscar jamás lo que le pertenece.


Son lugares ingeniosos, seguros, escondidos. Otros lo guardan en importantes bancos, en cajas de seguridad, en cajas fuertes. Lugares custodiados por sistemas y policías para evitar los asaltos. El lugar se pone más seguro y fortificado cuanto mayor es el monto guardado. Es una relación proporcional entre el valor del tesoro y la calidad de la bóveda que lo guarda.


Sin embargo Dios rompe este esquema proporcional y guarda el más importante tesoro de todos los tiempos en el lugar más inseguro, frágil y cambiante que existe. Dice Pablo a los corintios que vos y yo, los que hemos creído en Cristo Jesús como Salvador personal, tenemos al mismísimo Hijo de Dios en nuestro corazón, que es como un vaso de barro.


No hay nada tan frágil como un vaso de barro, ni nada más precioso que Jesucristo. Pero Dios eligió nuestras vidas para que sean la bóveda de su más caro y espectacular tesoro. ¡Te das cuenta el altísimo honor que tenemos de parte de Dios de albergar en nuestras vidas a su propio Hijo! Lo llevamos a donde vamos, lo hacemos participe de nuestros pensamientos, mira con nosotros internet, juega al futbol y grita con nosotros, va a la faculta y al trabajo en el tren con nosotros, jamás se va, nunca se aleja, siempre está en nuestro corazón.


¿Sos consiente de a quien llevás todos los días?



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