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miércoles, 3 de mayo de 2017

REFLEXIÓN – Amor con condiciones, es una realidad.

“El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre y yo lo amaré, y me manifestaré a él.” Juan 14:21 (RVR)

Condición

Siempre es fácil hablar. Las palabras no tienen contraindicaciones. Se puede decir lo que uno quiera, aún mintiendo, que no hay consecuencias por decir palabras. A diferencia de los hechos que si tienen consecuencias. Porque somos esclavos de lo que hacemos.


Por eso hay tanto programa con panelistas y comentaristas. Los argentinos somos especialistas en comentar y hablar, pero nos cuesta mucho llevar a la práctica lo que hablamos. Decimos “te espero a las 19 hs” y llegamos siempre tarde. Parece que nuestra palabra no tiene demasiado valor y que podemos cambiar según nuestra conveniencia. Pero lo que hacemos no se puede modificar. Si nos sacan una foto en una fiesta no hay manera de negar esa realidad. Podemos negar palabras, pero no podemos negar hechos.


Esta misma regla es la que utiliza Dios para medir nuestra devoción a Él. Es fácil decir que amamos a Dios. Lo cantamos a menudo en las reuniones de alabanza. Lo decimos en las oraciones. Pero a veces no cumplimos con la condición que Dios pone para demostrar que en realidad le amamos. Porque más allá de las palabras, Dios espera hechos.


¿Cómo demostramos que amamos a Dios? Teniendo y guardando sus mandamientos. Tan simple y tan complejo como esto. Simple porque es sencillo de comprender, complejo porque nos cuesta mucho cumplirlo. Lo que primero tenemos que hacer es tener, y para tener debemos obtener lo que no teníamos. Los mandamientos de Dios están en la Biblia, hay cientos de ellos y muchos los sabemos de memoria. Pero es necesario que cada día leamos la Biblia, para volver a refrescar y aprender las reglas de Dios.


¿Hace cuanto que no lees la Biblia? ¿Cuándo fue la última vez que te sentaste y la abriste para leerla a conciencia? No hacerlo es no tener los mandamientos de Dios. Y entonces, no amás.


Lo segundo es guardar. Que implica poner en práctica en nuestra vida cotidiana. Si pecas, no estás guardando los mandamientos de Dios. Podés tenerlos y saberlos de memoria, pero no los estás guardando. ¿Cómo venis esta semana con la obediencia a los mandamientos de Dios? Porque no cumplirlos implica que no amas a Dios. Tan simple y tan complejo.


Lo bueno es que Dios nos sigue amando aunque le fallemos, pero esto no es una excusa para seguir metiendo la pata. Es tiempo de madurar y comenzar a tener y guardar las reglas de Dios cada día y a cada momento. Podés empezar ahora mismo.



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