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lunes, 15 de mayo de 2017

REFLEXIÓN – Abrazar al exhortar, suma.

“Después que cesó el alboroto, llamó Pablo a los discípulos y habiéndoles exhortado y abrazado, se despidió y salió para ir a Macedonia.” Hechos 20:1 (RVR)
Par


Hay una canción de Papo, un cantante famoso de Argentina que dice: “Nada como ir juntos a la par”. Hay cosas que no se pueden separar. Batman y Robin, Vicente Lopez y Planes, flan con dulce de leche, Romeo y Julieta, queso y dulce, lluvia y freeze, Abott y Costelo (esta es para los más experimentados, ja). Son parejas que vienen juntas y que no funcionan por separado.


Pablo se estaba despidiendo de los hermanos de Efeso, y habían tenido un gran alboroto social por la predicación el apóstol. Siempre después de un problema quedan secuelas y heridas. Aunque la Biblia no dice nada al respecto, es fácil suponer que la iglesia había sido golpeada por la situación. Pablo se iba del lugar pero ellos quedaban. Asi que este gran hombre tiene una actitud par.


Y junta dos elementos necesarios y fundamentales en la obra de Dios para todos aquellos que tienen alguna responsabilidad o liderazgo o deseo de servir. Pablo junta la exhortación con el abrazo. Parece un contrasentido, porque tenemos el falso preconcepto que exhortar es dar palos y remarcar el error del otro. Es criticarlo y destruirlo por sus equivocaciones.

Nada más alejado de la realidad de la palabra y del deseo de Dios al mandarnos a exhortar a otros. Exhortar es ponerse al lado, es como el palo tutor que se pone en un árbol que está creciendo torcido y que sirve para enderezarlo. Justamente, el que exhorta, se pone al lado del que está metiendo la pata para enderezarlo. No a los golpes, sino con delicadeza, amor, paciencia, y misericordia.


Exhortar es una de las tareas más importantes y olvidadas de la Iglesia de Dios. Es fácil dar un sermón el domingo, es fácil cantar. Y hasta trae prensa estar delante de la congregación. Pero la exhortación es silenciosa, oculta, en privado, nadie se da cuenta, nadie aplaude, nadie felicita el trabajo de semanas, meses o años para enderezar a alguien. Solo Dios.


Por eso es tan importante que con la exhortación venga el abrazo, la contención, el cariño, el apoyo. Es como Dios actúa. Nos corrige con amor, nos mejora pero sin dañarnos. Nos endereza, pero siempre teniendo en cuenta nuestros sentimientos, debilidades y tropiezos. Hoy Pablo nos alienta a imitarlo.



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