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miércoles, 3 de mayo de 2017

Que tu Voluntad Obre en Armonía con la de Dios

Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos. Un día comparte al otro la noticia, una noche a la otra se lo hace saber.
—Salmos 19:1–2


Experimentamos que Dios es un Dios de orden por la constancia de las estaciones, de las mareas y de la órbita solar. Podemos ordenar nuestras vidas porque sabemos con qué exactitud saldrá y se pondrá el sol, cómo cambiarán las estaciones y las mareas, y que los planetas rotarán sobre sus ejes. Hay una cadencia y un ritmo en nuestras vidas por el orden que Dios ha establecido en el universo en el cual estamos suspendidos y en la naturaleza en la cual vivimos. Desde los ecosistemas hasta los sistemas solares, Dios ha dispuesto patrones que podemos estudiar y documentar por medio de lo que llamamos ciencia.


“Gracias por traer orden a mi vida. Donde hubo caos y dolor, tú trajiste disciplina y sanidad. Donde hubo derrota, trajiste victoria. Donde hubo carencias, trajiste abundancia. Me provees todo lo que necesito en la vida y la piedad, y no te detendrás ahora. Suelta legiones de ángeles que me guíen con seguridad hacia donde tú quieres que vaya. Que mi voluntad obre en perfecta armonía con la tuya. En el nombre de Jesús, amén”.


Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, sino háganse solidarios con los humildes. No se crean los únicos que saben.
—Romanos 12:16


Cuanto mayor es la visión que Dios te da, más probable es que Dios haya llamado a otros a trabajar junto a ti para cumplirla. Es probable, en realidad, que ni siquiera seas el líder del emprendimiento. Dios comúnmente prueba nuestra dedicación a su plan viendo si somos fieles en ayudar a otro a llevar a cabo la visión que Él le ha dado.


“Padre, muéstrame hoy la causa que tú me asignas para defender. Usaré responsablemente los dones que me has dado para ser una bendición para mi familia, la comunidad y la nación. Tú me has colocado en posición de ayudar a otros a lograr los sueños que les has dado. Yo puedo dar mi tiempo, talento y recursos financieros a las organizaciones caritativas y sin fines de lucro cuya atención se centra en ayudar a los menos afortunados, al huérfano, a la viuda, a los indigentes, a los sin hogar, destituidos e indefensos. Tengo más que suficiente y puedo dar a los que nunca pueden devolverme el favor. Aumenta mis habilidades y ayúdame a conseguir apoyo para la realización de las visiones y sueños dados por Dios a otras personas. En el nombre de Jesús, amén”.

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