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martes, 9 de mayo de 2017

¡Nunca te abandonaré!

Hay ocasiones en nuestras vidas en las que no sabemos cómo continuar el camino que alguien más ya lo empezó, tal vez por alguna razón esa persona ya no está y creemos que el peso que llevaremos sobre nuestros hombros es demasiado para nosotros y nos sentimos incapaces de tomar la batuta que nos han pasado.


¿Te ha tocado vivirlo? También a Josué, hijo de Nun a quien Dios eligió para asumir ese reto tras la muerte de Moisés, quien fue un gran líder utilizado por el Señor, a través de él Dios abrió el mar rojo, brotó agua de la peña y pasaron cosas extraordinarias. Por supuesto que no era fácil liderar a un pueblo infiel que con mucha frecuencia olvidaba las maravillas de su Señor hacía por ellos, pero lo logró.


Ahora era turno de Josué, quien por años permaneció junto a Moisés, observándolo de cerca.
Imagino que Josué se sentía atemorizado ya que todo el peso de la responsabilidad caía sobre sus hombros, por supuesto que era imposible reemplazar a un hombre como Moisés y hacer las cosas que él hizo. Solamente pensar que tenía que combatir pueblos de gigantes y tener que invadir ciudades amuralladas eran razones suficientes para sentirse intranquilo y tal vez retroceder para no seguir; de hecho, cualquiera de nosotros en su lugar lo haría. 

Por ello, en medio de toda inseguridad y temor es que Dios se presenta ante Josué para darle estas palabras de aliento:
“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” Josué 1:9
En todo el capítulo Dios le dice a Josué tres veces “Esfuérzate y sé valiente”, en otras palabras: saca fuerzas de donde no tienes para dar lo mejor de ti y “No te desanimes, que yo estaré contigo”.


Así como Dios le dijo a Josué, te lo dice a ti que tienes que emprender algo nuevo en tu vida o asumir una responsabilidad mayor a la que tenías antes.
Josué encontró fuerzas, valentía y ánimo para realizar la labor que Dios le encomendó, al saber que Él estaría de su lado donde quiera que fuera.
Si sabemos que el ser más poderoso y maravilloso de todos está con nosotros ¿De quién temeremos? ¿Por qué nos rendiremos? ¿Por qué habríamos de desanimarnos?


Recuerda: “Nunca estarás solo, Dios estará contigo donde quiera que vayas”.

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