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jueves, 4 de mayo de 2017

NO ES POR TUS FUERZAS

“3 Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. 14 Y estableció a doce, para que estuviesen con él…” Marcos 3:13-14

Jesús llamó a estos doce para que estuvieran con Él, para que aprendieran de Él, para que le conocieran a Él. Todos los evangelios lo confirman cuando, en ellos, Él habla diciendo: Conózcanme, miren como yo lo hago. Hay gente que quiere recibir al Salvador, pero no lo quieren conocer, no quieren invertir el tiempo de conocerlo a Él. Pero, para poder cumplir con el llamado de conocerle, tienes que seguirle; y, para poder seguirle, tienes que desear tener una verdadera relación con Él.

La pregunta es, ¿quieres tener ese encuentro para conocer realmente a Jesús? ¿Tienes la pasión verdadera de seguirlo y servirle? Pablo, aunque no lo conoció físicamente, tenía esa pasión de perseguirlo; él decía: Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. (Filipenses 3:13-14) Pablo decía: Yo quiero conocerlo a Él; por eso, eventualmente, cambió todo su lenguaje de “yo y Cristo” a “ya no soy yo, sino Cristo”. Por eso es que decía: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” (Fil 1:21)

El primer llamado de Jesús es siempre para conocerlo a Él. Cuando le entregas tu vida, estás aceptando su llamado, oíste su voz y tú espíritu se despertó para que te apasiones por Él, camines y le conozcas a Él. Sal de lo que te dijeron y encuéntrate con Jesús cara a cara, para que puedas tener esa experiencia sobrenatural que tu corazón desea. Jesús quiere que llegue el momento donde tú y Él sean verdaderamente uno, y nada ni nadie los pueda separar. Dios siempre ha querido una relación contigo. Cuando comiences a cultivar esa relación, te va a pasar como dice la Biblia: De oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven. No es nada fácil el estilo de vida que Él pide; lo que demanda de sus hijos no se puede hacer con tus propias fuerzas. La única manera en que puedes cumplir con ese llamado de seguirlo, de imitarlo a Él, es a través del poder de su gracia, poder que te fortalece.

No se trata de esfuerzos humanos, se trata de la dependencia que puedas tener, del poder, de la gracia de Dios en tu vida para poder cumplir con todo lo que ha pedido. Cuando intentas hacerlo por tus propias fuerzas es cuando fracasas, cuando te torturas, donde intentas hacer cosas con buenas intenciones y después fracasas. Solo la gracia y el poder de Dios sobre tu vida te pueden ayudar a vivir como Él quiere que tú vivas. El estándar de Jesús es muy alto para pensar que con tus fuerzas lo puedes hacer.

Jesús, cuando se sentó en la cena con los doce discípulos, Él sabía que Judas lo entregaría y, aun así, se sentó a comer con él y le lavó los pies. ¿Tendrías tú la valentía para lavarles los pies a tus enemigos? Jesús trabajó con la misma humanidad que tú y yo trabajamos. En el Getsemaní, en un momento de extrema angustia, le pidió al Padre que fuera otro el que pasara por el Calvario que Él pasó. Allí Jesús demostró que era tan humano como los demás, pero tuvo que buscar las fuerzas para cumplir su propósito, para que tú puedas vivir como Él quiere que vivas. Jesús modeló que, en esta naturaleza humana, se pueden tener la victoria y el control. Te ha acercado a Él para que, a través de su gracia, veas que si lo puedes hacer.

Sal con la consciencia de que Él te llamó para Él y por Él y, en tu interior, está lo que te hace falta para tú poder vivir como Él quiere que tú vivas. Has intentado muchas veces, por tus propias fuerzas, cambiar tu vida, controlarte, para poder mantenerte haciendo ciertas cosas, pero hoy tienes que decir: No más. Tienes que decirte: Voy a depender del poder, de la gracia en mi vida; voy a depender de Dios para ser todo lo que Él quiere que sea. Ese poder que estaba dentro de Él, es el Poder del Espíritu Santo que está dentro de ti para hacerte caminar, en medio de esta tierra, con la autoridad que tienes que caminar, viviendo por Él y para Él.

Hoy, de tu interior, fluye esa fuerza, ese poder para que puedas ser todo lo que Dios quiere que seas. Sal claro hacia donde Dios te dirija y encontrarás, en tu interior, las fuerzas necesarias para vivir como Jesús quiere que vivas. Se acabó la frustración de intentarlo; vas a decir como Dios le dijo a Pablo: Bástate en mi gracia porque mi poder se perfecciona en medio de tu debilidad; y, cuando más débil tú has sido, más fuerte Dios se muestra en tu vida y te da la victoria que esperas, en el nombre de Jesús.

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